Tras la extinción de los nevados en Ayacucho, científicos prevén la desaparición de los glaciares de Apurímac y Huancavelica en diez años.
El retroceso criosférico en los Andes peruanos ha alcanzado niveles críticos, registrando una pérdida superior al 42 % de su cobertura total de hielo en las últimas seis décadas, lo que equivale a la desaparición de 700 kilómetros cuadrados de superficie nevada. Paola Moschella Miloslavich, directora de investigación en glaciares del Instituto Nacional de Investigación en Glaciares y Ecosistemas de Montaña (Inaigem), explicó que este fenómeno altera drásticamente la disponibilidad de recursos hídricos, impacta la salud pública y eleva la vulnerabilidad ante desastres de origen natural.
El calentamiento global ha provocado la extinción absoluta de los glaciares en la región Ayacucho, y las proyecciones científicas anticipan un colapso idéntico en Apurímac y Huancavelica dentro del próximo decenio, zonas que ya registran pérdidas de su masa glaciar del 91 % y 99 %, respectivamente.
Impacto del fenómeno de El Niño y limitaciones de las estrategias de mitigación
La velocidad del deshielo se ha multiplicado exponencialmente debido a la presencia del fenómeno de El Niño, el cual acelera la degradación de los nevados a un ritmo hasta tres veces mayor en comparación con el promedio anual histórico. El incremento de la temperatura superficial del mar propicia precipitaciones en las zonas altas que, en lugar de manifestarse de forma sólida, caen en estado líquido, derritiendo la nieve estacional acumulada y desprotegiendo las reservas de hielo fósil.
A diferencia de las regiones templadas del planeta, donde los crudos inviernos permiten la recuperación de las cumbres, la condición tropical de los Andes peruanos genera un proceso de fusión continuo durante todo el año. Ante este escenario, la especialista del Inaigem descartó la viabilidad de implementar tecnologías paliativas extranjeras como la cobertura de mantas térmicas o la creación de glaciares artificiales. Con más de 2,000 formaciones glaciares distribuidas a lo largo del territorio nacional, la escala geográfica hace que estas intervenciones sean inmanejables, quedando como única alternativa sostenible el fortalecimiento de las políticas globales e internas de mitigación del cambio climático.
Consecuencias ambientales: estrés hídrico, aluviones y drenaje ácido de roca
La contracción de las masas de hielo genera un impacto directo en el caudal de las subcuencas y microcuencas fluviales, reduciendo drásticamente la oferta de agua dulce, una situación que se agudiza durante las temporadas de estiaje y golpea directamente las actividades agrícolas y ganaderas. Asimismo, el desglaciamiento suprime el soporte físico de las laderas andinas, incrementando la inestabilidad de las paredes de roca y hielo. Este factor eleva la susceptibilidad a desprendimientos en masa que se traducen en aluviones y en el desborde de lagunas altoandinas, un peligro latente que se concentra con mayor intensidad en Áncash y Cusco.
Además del peligro de inundaciones, el retroceso glaciar desencadena el fenómeno químico del drenaje ácido de roca. Al descubrirse terrenos que permanecieron sepultados por milenios, los minerales sulfatados de las rocas entran en contacto directo con el oxígeno y el agua, generando reacciones químicas que acidifican los ecosistemas acuáticos periféricos, tiñendo los ríos de tonalidades anaranjadas.
En la Cordillera Blanca, este problema ya afecta de forma severa a la subcuenca del río Casca, la quebrada y laguna de Shallap -fuente principal de abastecimiento de agua potable para la ciudad de Huaraz- y las zonas adyacentes al nevado Pastoruri.
Monitoreo digital en tiempo real e inventario nacional
Frente a estas amenazas, el Inaigem implementó el Centro Nacional de Monitoreo de Glaciares y Ecosistemas de Montaña, cuya primera fase operativa identificó a la laguna de Upiscocha, ubicada en la región Cusco, como el cuerpo de agua con mayor riesgo de desborde a nivel nacional.
Para mitigar esta situación, se han desplegado sensores de alta precisión que transmiten datos telemétricos en tiempo real para activar sistemas de alerta temprana, replicando progresivamente este modelo en las lagunas de Grangajalca en Huánuco y Palcacocha en Áncash.
Finalmente, la institución científica anunció que se encuentra en la etapa de consolidación del nuevo Inventario Nacional de Glaciares, un catastro técnico actualizado que será presentado formalmente en los próximos dos meses para optimizar la toma de decisiones gubernamentales.
