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Artículo de opinión–Publicado en Expreso
Aún es temprano para hacer una valoración tajante. Son apenas 22 días de gobierno. El gabinete se presentó este jueves ante una Cámara de Diputados con mayoría de la ultraizquierda: Juntos por el Perú, Obras (con parlamentarios vinculados al Movadef), Ahora Nación y Buen Gobierno (a su líder, Jorge Nieto, ya no le incomoda sentarse junto al Movadef). La asignación y presidencia de las comisiones ha sido a la bruta bestia; a Renovación y a FP les han dejado temas menores. Como dijo la diputada fujimorista Cecilia Chacón: ellos tienen los votos. Ni modo. Los últimos cinco años tuvimos cuatro presidentes de la República. Las mesas directivas del Congreso variaban cada año y medio. Con PPK tuvimos tres gobernantes. La extrema izquierda busca vivamente tumbarse a Keiko Fujimori. Predomina la insania ideológica. Probablemente no votarán por las facultades delegadas que el Ejecutivo solicitará pronto. Las críticas al gabinete son flojas. La ultra repite el forzado delirio de que el fujimorismo es responsable de la desgracia gubernamental anterior. Un mantra. También la inseguridad ciudadana. Renovación y la ultraizquierda (a veces coinciden) piden la cabeza del comandante general de la PNP, Óscar Arriola.
Algunas voces coinciden con este planteamiento. Está claro que la salida de un oficial no resuelve nada. La inseguridad ciudadana es producto de la pésima gestión gubernamental de Castillo-Boluarte-Jeri-Balcázar. Un cuarteto incompetente. Arriola es un oficial de nivel, formado en el FBI y exdirector de Dircote. Recientemente creó la división antiextorsión a cargo del general Víctor Revoredo, un oficial eficiente. Las capturas y la desarticulación de bandas no son pocas. Claro, con un dedo no se tapa un desborde de agua. Menos un huaico. Le imputan no haber capturado a Cerrón, quien parece haber estado fuera del país; definitivamente contó con apoyo de inteligencia cubana y la Policía carece de equipos de localización. El comandante general depende del gobierno de turno. Si renunciaba para satisfacer a algunos, venía otro, no necesariamente mejor. La ley impide la remoción de Arriola, pues establece un período de dos años. Derogarla sería un error con nombre propio y debería aplicarse a las FF. AA. Complicado. Esperemos que el actual ministro organice un plan sostenible y tenga resultados. La extorsión es un cáncer. Además, la Policía padece corrupción; a veces sus miembros integran las bandas, alquilan sus armas, en fin. Un problema que debe afrontarse.
Curioso que no se reclame al Ejecutivo la repotenciación de Dircote. Como si el terrorismo y la subversión no existieran. El Movadef (fachada de Sendero) está en el Congreso, estuvo en la Presidencia con Castillo. Amplió su presencia política. Con Boluarte, Arriola se enfrentó a Bermejo, gestó la captura de una célula subversiva en Ayacucho; capturaron a la camarada Cusi y a Alejandro Manay Pillaca (hoy congresista de JPP). La Fiscalía los soltó. Manay, como Íber Maraví y otros parlamentarios vinculados al Movadef, no repudian al asesino Abimael Guzmán. Sendero se está reformateando, ha ganado espacio político-público. Casi llegó a Palacio. También Maraví y otros han formado la célula parlamentaria Ayacucho para apoyar e incentivar las revueltas populares ahí. El congresista Harvey Colchado, para quien la Fiscalía pide 9 años de prisión, exjefe de la Diviac, la policía política, responsable de la captura y la muerte de Alan García, aparece como el reformador y pide la salida de Arriola. Ponderemos las cosas.
