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Artículo de opinión publicado en Expreso
Jorge Basadre tratando de reconstruir el origen de los partidos del Perú independiente, confirma la idea que hemos venido exponiendo de que estos estos habían surgido antes de la misma emancipación por eso afirmaba que: “…Habría que rastrear su origen al momento en que se inicia el esbozo o primer ensayo de régimen representativo, …Y esos orígenes están en las Cortes de Cádiz convocadas en España con motivo de la prisión de Fernando VII”.
En ese orden de ideas los partidos que se formaron en el Perú durante la gestación y vigencia de la constitución de Cádiz, doceañistas y conservadores volvieron a emerger en 1820 cuando la mencionada carta fue restaurada después de la rebelión del general Riego.
Ahora bien, a diferencia de 1812 cuando el separatismo aparecía muy lejos del virreinato peruano la restitución de la constitución en 1820 se hizo justo cuando el general San Martin estaba próximo a desembarcar en Pisco y ya en Lima existían varios grupos patriotas importantes. Francisco Javier Mariátegui en sus Anotaciones (1869) nos explica que entonces:
“tres eran las principales fracciones en que dividieron los patriotas. Un grupo estaba capitaneado por los señores D. Fernando López Aldana, bogotano, y por D. Joaquín Campino, chileno, y esta fracción era denominada la de los forasteros. Otro lo fue por D. José de la Riva Agüero, perteneciendo a él D. Manuel Pérez de Tudela y algunos pocos miembros del ayuntamiento. El tercero, el de los carolinos, más numeroso, más decidido y menos temeroso a los riesgos, era compuesto por la juventud de aquel tiempo… a él perteneció el Dr. D Julián Morales, aunque no fue carolino, …El grupo de forasteros se dispersó muy al principio por haberse pasado al ejército libertador el Dr. López Aldana en enero de 1821; y a la verdad que ese grupo no fue numeroso, ni podía hacer mucho”.
Tras la llegada de San Martín con un claro proyecto monárquico más conservador que el monarquismo liberal de los realistas de Jeronimo Valdés la opinión de las élites criollas empezó a inclinarse a favor de una “monarquía nacional”.
Poco a poco a los grupos de los conspiradores, “rivagüerinos” y “carolinos” (que actuaban en el Colegio de San Carlos y donde podemos incluir a los médicos de San Fernando) se les sumo un importante contingente de la nobleza y del patriciado mercantil.
Los antiguos doceañistas y los partidarios de la concordia, siguiendo a Jose Bernardo de Tagle e Hipólito Unanue respectivamente apreciaron que el proyecto de San Martín podría ser más aceptable que el despotismo del partido militar de Valdés. Así Tagle se pronunció como intendente de Trujillo por la independencia en diciembre de 1820 y, luego en enero de 1821, la destitución del Virrey Pezuela decidió a los conservadores que siguieron a Unanue que en agosto de ese año asumió el ministerio de hacienda del Protector San Martín.
El general San Martín y su más importante consejero, Bernardo de Monteagudo lograron reunir en una coalición a los liberales de Tagle, los conservadores de Unanue y los nacionalistas de José de la Riva Agüero en aquello que se conoció según recordaba Benajamín Vicuña Mackenna: como “el partido” del año 21.
Bajo esta confluencia se realizaron las famosas sesiones de la Sociedad Patriótica de marzo de 1822 donde debatieron Jose Ignacio Moreno, expresión del monarquismo conservador con el “rivagüerino” Manuel Pérez de Tudela exponente del republicanismo conservador.
Lamentablemente, las actitudes desacertadas del ministro Monteagudo perjudicaron a la coalición la supervivencia. En julio de 1822, el intento de deportación del líder rivagüerino Mariano Tramarria desato un motín popular que determino la caída del poder de Monteagudo y, esto finalmente, determino a que, a su regreso de la Conferencia de Guayaquil, el Protector San Martín se decidiese a apresurar la instalación del primer Congreso Constituyente y se alejase del Perú.
