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Artículo de opinión
Hoy, martes 28 de julio de 2026, quedará como un hito en la historia republicana nacional, pues asumirá el cargo de más alta jerarquía de la nación, es decir, la Presidencia de la República, una mujer elegida directamente por el voto popular como líder de una fórmula o plancha presidencial.
No existe antecedente cercano alguno en el Perú, ni creo que, en el mundo, de la perseverancia y resiliencia demostradas por Keiko Sofía Fujimori Higuchi, hija del que, hasta ahora, ha sido el mejor presidente de la era republicana peruana. Desde la adolescencia, acompañó el proyecto político de su padre, lo vio en el auge y en la crisis y, posteriormente, decidió libremente fundar y liderar un partido político, encarar y vencer una atroz persecución política disfrazada de acción de la justicia —puro y simple lawfare— y seguir insistiendo, confiada en la bondad de su propuesta política, en su propia fortaleza y en la de su equipo.
Dedicada a esos menesteres durante más de la tercera parte de su vida, llega a la jefatura del Estado y del Gobierno recién cumplidos los 51 años de edad.
Recibe un país en estado «catastrófico», según han podido constatar los grupos técnicos designados, en su condición de presidenta electa, para posibilitar la transferencia del Poder Ejecutivo al nuevo Gobierno.
A ello se agrega la inminencia del llamado fenómeno de El Niño global, que, hasta el momento, presenta un pronóstico severo y ya ha causado la ausencia de un verdadero invierno —con lo que ello implica para los productores de prendas de vestir de la estación, gran parte de ellos micro y pequeños emprendimientos—, así como el anuncio de muy probables lluvias intensas en la costa norte y central, y sequías en la sierra sur, con el impacto nocivo que estas podrían tener en los sectores productivos y en la infraestructura vital para la economía nacional.
A lo descrito se suma la gravísima inacción en materia de trabajos estructurales de prevención de desastres y de inteligencia policial para neutralizar al crimen organizado transnacional, factores que amenazan la tranquilidad y el progreso de la población.
A pesar de tan complicado panorama, respaldado por un plan de gobierno con medidas inmediatas y de corto, mediano y largo plazo, y por una firme decisión de encarar y solucionar los problemas, el Gobierno que hoy se inicia parte con una gran ilusión y esperanza en todos los sectores sociales del Perú, incluidos aquellos de las zonas del país en las que cierta narrativa injusta y la mala gestión de autoridades tanto nacionales como subnacionales han creado un espejismo de desconexión y descontento.
No hay oportunidad para equivocarse ni dudar.
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