Sandra Salinas Gevassi
Por Sandra Salinas Gervassi -Abogada especialista en Derechos Humanos
El pueblo peruano ha decidido. Las urnas han hablado y la democracia ha seguido su curso. Es momento de aceptar el resultado con madurez y comprender que, cuando termina una campaña electoral, debe comenzar algo mucho más importante: la construcción de un país.
Durante demasiado tiempo el Perú ha vivido atrapado en una espiral de confrontación política, inestabilidad institucional, crisis de gobernabilidad, inseguridad ciudadana y pérdida de confianza en sus autoridades. Los grandes perjudicados no han sido los políticos, sino millones de peruanos que cada día luchan por salir adelante y esperan un Estado que responda a sus necesidades.
La elección de la presidenta Keiko Fujimori marca el inicio de una nueva etapa. Más allá de las posiciones políticas de cada ciudadano, el Perú necesita que este gobierno tenga la oportunidad de trabajar y demostrar con hechos su capacidad para conducir el país.
Apoyar a un gobierno democráticamente elegido no significa renunciar a la crítica ni otorgarle un cheque en blanco. Significa comprender que la estabilidad política también es una condición indispensable para recuperar la economía, atraer inversiones, generar empleo, combatir la delincuencia y fortalecer nuestras instituciones. Una oposición responsable fiscaliza, propone y corrige; no bloquea por sistema ni convierte la confrontación en una forma de hacer política.
Los peruanos ya no esperan discursos. Esperan resultados. Esperan calles más seguras, hospitales que funcionen, escuelas de calidad, oportunidades para los jóvenes, una justicia independiente y una lucha frontal contra la corrupción, sin privilegios ni excepciones.
La presidenta tiene hoy una oportunidad histórica. No será recordada por la campaña electoral ni por la victoria en las urnas. Será recordada por su capacidad para unir a un país dividido, recuperar la confianza de los ciudadanos y demostrar que es posible gobernar con firmeza, diálogo y visión de Estado.
Pero esta responsabilidad no recae únicamente sobre el Ejecutivo. También corresponde al Congreso, a las instituciones, a los partidos políticos, al sector privado, a los medios de comunicación y a la ciudadanía contribuir a un clima de gobernabilidad. El Perú no puede seguir perdiendo años valiosos en enfrentamientos estériles mientras los problemas reales continúan esperando soluciones.
La historia demuestra que las naciones progresan cuando sus líderes son capaces de anteponer el interés nacional a las diferencias políticas. Ese debe ser el gran desafío de esta nueva etapa: reemplazar la confrontación por el diálogo, la incertidumbre por la estabilidad y las promesas por resultados.
El Perú ha perdido demasiado tiempo. Hoy tiene una nueva oportunidad para recuperar el rumbo. Dejemos que la presidenta gobierne, exijamos resultados con firmeza y actuemos con responsabilidad democrática. Si su gobierno tiene éxito, no será la victoria de una persona ni de un partido político; será la victoria de todos los peruanos.
Porque, al final, el verdadero triunfo no consiste en ganar una elección. El verdadero triunfo será lograr que el Perú vuelva a creer en sí mismo.
