El funeral colectivo en la Gran Mosalla de Teherán marca el inicio del duelo oficial tras el ataque de febrero, mientras el recién designado líder supremo, Mojtaba Jamenei, mantiene reserva y evita mostrarse en público.
La República Islámica de Irán dio inicio a las ceremonias fúnebres más multitudinarias de su historia republicana para despedir al líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, fallecido a los 86 años en el marco del reciente conflicto armado en Oriente Medio.
Desde la tarde del viernes, las principales avenidas de Teherán fueron cubiertas con propaganda oficialista que exhorta a la ciudadanía a cerrar filas en torno al sistema teocrático y preservar la cohesión interna en un periodo de extrema vulnerabilidad geopolítica. Los restos de la ex-autoridad y sus familiares, víctimas del atentado de febrero, fueron expuestos en la Gran Mezquita de Teherán, en medio de la expectativa por la primera aparición pública del nuevo líder supremo, Mojtaba Jamenei, quien según reportes locales resultó herido en el mismo bombardeo y permanece bajo estricto resguardo.
El féretro de Jamenei, cobijado por el pabellón nacional y el turbante negro que distingue su linaje, yace junto a los ataúdes de su hija mayor, su yerno, una nieta lactante y la propia esposa de su sucesor, todos fallecidos durante el ataque aéreo israelí perpetrado el pasado 28 de febrero.
Delegaciones internacionales, lealtad militar y ruta del duelo
El velatorio congregó a centenares de altos mandos de la política persa y delegaciones diplomáticas de naciones aliadas o vecinas, incluyendo a representantes de Rusia, China, Siria, Irak, Líbano, Afganistán, Pakistán y Marruecos.

No obstante, analistas internacionales destacaron que el despliegue de dignatarios extranjeros fue visiblemente menor al observado en las honras fúnebres del ex-presidente Ebrahim Raisi en 2024, reflejando el aislamiento derivado de la última guerra.
En el plano doméstico, el mandatario Masud Pezeshkian, el jefe del Parlamento Mohammad Bagher Qalibaf y la cúpula de las Fuerzas Armadas ratificaron su sometimiento a las directrices de la Revolución Islámica. Paralelamente, el general Amir Hatami garantizó represalias por el magnicidio, en un acto que marcó la reaparición pública del comandante de la Guardia Revolucionaria, Ahmad Vahidi. Las exequias oficiales se prolongarán por espacio de seis días e incluirán procesiones masivas por los bastiones religiosos de Qom y Mashad, ciudad esta última donde Jamenei será sepultado dentro del mausoleo del imán Reza, proyectándose una movilización agregada que el régimen estima en 20 millones de asistentes.
El gobierno central ha militarizado Teherán implementando un riguroso cerco perimetral en los alrededores de la Gran Mosalla, complementado con la suspensión y restricción del tráfico aéreo civil en la capital para evitar contingencias.
Aunque la narrativa institucional busca proyectar fortaleza, resiliencia y respaldo popular unánime bajo consignas de movilización obligatoria, el clima social exhibe una profunda polarización. Diversos sectores civiles manifestaron su rechazo al oficialismo recordando la severa represión institucional contra las protestas del pasado mes de enero, las cuales dejaron un saldo superior a las 7,000 víctimas mortales según registros de organizaciones no gubernamentales internacionales.
De hecho, reportes independientes confirmaron que el anuncio del deceso del líder supremo motivó festejos y arengas clandestinas en sectores residenciales de la capital.
