La mandataria electa del Perú, Keiko Fujimori, sostuvo una reunión oficial con el actor y activista político mexicano Eduardo Verástegui, quien tras el encuentro ofreció declaraciones sobre el complejo panorama de los vínculos bilaterales.
El dirigente conservador manifestó que el restablecimiento pleno de las relaciones diplomáticas entre Perú y México enfrenta serias dificultades debido a la actual conducción política en el país norteamericano, cuya administración fue severamente cuestionada por el visitante al citar informes atribuidos a agencias gubernamentales de los Estados Unidos.
Verástegui contrapuso la legitimidad del nuevo gobierno peruano frente a las políticas de su nación de origen, argumentando que la divergencia en los principios de gobernanza obstaculiza un acercamiento formal e institucional inmediato.
Postura frente a la transmisión de mando y protocolo internacional
Al ser consultado por los medios de comunicación respecto a los preparativos para la asunción al cargo presidencial el próximo 28 de julio, el activista mexicano fijó una posición drástica en torno a la lista de mandatarios extranjeros invitados.
Verástegui sugirió de manera explícita que la presidenta electa peruana debería prescindir de invitar a su homóloga mexicana, Claudia Sheinbaum, a los actos oficiales de transmisión de mando. Si bien reconoció la existencia de formalidades ecuménicas y tratados internacionales vigentes, enfatizó que, bajo un criterio estrictamente político y personal, la presencia de la jefa de Estado mexicana resultaría inconveniente dada la actual coyuntura ideológica y las tensiones diplomáticas arrastradas entre ambas naciones.
Continuidad de la agenda de transferencia y actividades institucionales
Por su parte, la líder de Fuerza Popular continuó con el desarrollo de sus actividades programadas en el marco del periodo de transferencia de funciones del Poder Ejecutivo. Tras la cita internacional con el político mexicano, Fujimori participó en un encuentro ecuménico e institucional que contó con la asistencia de diversas autoridades eclesiásticas y una delegación de los legisladores electos que integrarán el nuevo Congreso bicameral.
Estas reuniones forman parte de la estrategia de la presidenta electa para consolidar el respaldo político y multisectorial de cara al inicio de su gestión gubernamental, priorizando el diálogo con sectores conservadores del parlamento y coordinando la agenda legislativa de los próximos meses.
