Roberto Sánchez no será una gran opción, pero definitivamente garantiza la estabilidad democrática en el Perú a comparación de Keiko Fujimori. La Señora K, ya ha demostrado que solo pretende perpetrarse en el poder, su deseo es enquistarse en el Estado. Cuando tuvo la posibilidad de hacer un verdadero cambio por el Perú, se dedicó a vacar al expresidente Pedro Pablo Kuczynski desde el Congreso. Siendo ello así, el candidato de Juntos por el Perú representa un voto mucho más vigilante y nos garantiza que en el 2031 tengamos elecciones y no vivamos en una dictadura fujimorista. Vaya delirio, ¿no?
Lastimosamente este es el punto de vista de millones de peruanos, de distintos rubros sociales, edades, ciudades y demás. Para ellos Keiko Fujimori representa una amenaza y Roberto Sánchez, con todos sus defectos, parece ser la luz fuera del túnel, más aún cuando ya está demostrando que es capaz de “moderarse”, uniéndose con Pedro Francke, el ex-ministro Castillista del engañoso aumento de 13% en la economía, y con héroes de los socialistas de salón como Domingo Pérez. Keiko representa el autoritarismo, mientras que Sánchez será otro socialista más que no le hará daño al país.
No obstante, dicha premisa es como tapar el sol con un dedo. ¿Es Sánchez una opción democrática? Definitivamente no. El candidato presidencial izquierdista representa todos los males que sufrió el Perú en las décadas de 1980 y 1990. No solo reivindica el golpe de Estado fallido de Pedro Castillo, a quien ha prometido liberar, sino que además señala que el expresidente es un preso político, -todo culpa de la mafia fujimorista en el Poder Judicial-. Sánchez afirma que el “profesor” no dio un golpe de Estado y avaló el atentado a la democracia peruana del chotano, argumentando que el Congreso intentaría vacarlo de cualquier manera, sin respetar “el voto ciudadano”.
Para quienes vivieron el gobierno de Alan García, la palabra estatización puede traer severos recuerdos: la escasez, el control de precios, la hiperinflación y demás. Uno de los grandes suicidios económicos del expresidente aprista durante su gestión en los 80s. Pero Sánchez y su equipo de “tecnócratas” deben haber vivido en otro Perú en aquella época. Hoy el candidato de Juntos por el Perú, al igual que como prometió Pedro Castillo en el 2021, promete “nacionalizaciones”, teniendo en la mira, en primer lugar, nacionalizar Telefónica del Perú, para crear TelPerú, una empresa pública que tendría el rol central de la gestión de la telecomunicación en le Perú. Una promesa que representa mucho más que solo un atisbo de lo que puede ser capaz. Ya no basta con gastar el dinero de los peruanos en Petroperú, la izquierda siempre quiere más.
Sin embargo, lo más alarmante de todo, son sus vínculos con el terrorismo. La izquierda no quiere hacer una lista de nombres. Afirman que ambos candidatos tienen gente nefasta en sus filas. Una estrategia interesante, porque son más que conscientes a quienes tienen en sus filas. César Tito Rojas, diputado electo de JP por Puno, es uno de aquellos nombres que la izquierda tiene miedo de mencionar; nada más que uno de los fundadores de Movadef, es decir el brazo político de Sendero Luminoso. ¿Qué hace Roberto Sánchez vinculándose con un defensor de los terroristas de Sendero Luminoso? Pero claro, la derecha “terruquea” sin razón.
A Sánchez y Rojas se le suman personajes como Serafín Luján investigado por terrorismo desde hace seris años y hoy diputado electo por Huánuco, testigo en el caso de Guillermo Bermejo, el condenado por afiliación a una organización terrorista, quien, dicho sea de paso, está haciéndole campaña a Sánchez desde el penal de Ancón I. Así como Iber Maraví vinculado a Abimael Guzmán.
Y a ello, debemos sumarle la presencia de Antauro Humala a quien hoy los socialdemócratas tratan de ocultar de la campaña. Un asesino de policías, quien no pudo postular por medios propios debido a su condena como homicida. El hermano del expresidente Ollanta Humala hoy se regodea y babea pensando en todas las reuniones que tendrá en Palacio, tras su autoproclamación como premier, a quien no sorprendería que Sánchez esconda dándole solo el titulo de asesor. Un hombre que intentó perpetuar dos golpes de Estado, sin los medios claramente. UN asesino, un psicópata que no siente remordimiento por sus actos, esa clase de persona es con la que Roberto Sánchez se rodea.
Keiko está lejos de ser la candidata idónea. No es, ni será la sombra del padre. Empero, pese a las vacías afirmaciones de los socialistas de champán, y de los izquierdistas autoproclamados indigenistas, es la única opción que nos aleja de regresar al Perú a sus décadas más oscuras.
