Alrededor de 30 mil personas habitan en casonas del Rímac con avanzado deterioro en sus estructuras.
El Centro Histórico del Rímac enfrenta una crítica situación de infraestructura debido al avanzado estado de deterioro que presentan miles de sus edificaciones tradicionales, muchas de las cuales continúan albergando a familias enteras. Reportes e inspecciones en la zona han evidenciado fachadas colapsadas, muros de ladrillos y adobes expuestos, así como balcones, ventanales y escaleras de madera sostenidos precariamente con apuntalamientos provisionales.
De acuerdo con las evaluaciones del sector, el Centro Histórico del distrito alberga cerca de 20 mil casonas antiguas, de las cuales aproximadamente 4700 se encuentran en estado crítico o derechamente inhabitables. Se calcula que alrededor de 30 mil personas residen en estos inmuebles vulnerables, muchos de los cuales datan del siglo XIX —como estructuras erigidas en 1872 a base de quincha, adobe y madera— que hoy presentan un desgaste severo que compromete su estabilidad.
Preocupación vecinal y factores de riesgo
Residentes con décadas de permanencia en la zona han manifestado su alerta ante el peligro inminente que representan estas casonas ante un eventual sismo de gran magnitud, criticando la lentitud en la intervención de las autoridades.
A la fragilidad de las edificaciones se suma la presencia masiva de cableado aéreo desordenado y expuesto, que eleva el riesgo de cortocircuitos e incendios. Asimismo, en los sectores aledaños al cerro San Cristóbal, las familias advierten sobre la vulnerabilidad adicional que implican las viviendas levantadas en pendiente y la eventual caída de rocas.
Dado que estas edificaciones forman parte del Patrimonio Cultural del Centro Histórico, la legislación impide su demolición directa, lo que exige implementar mecanismos especializados de restauración, conservación y reforzamiento que protejan la vida de sus habitantes.
Esta problemática cobra mayor urgencia considerando que la costa central del Perú —ubicada en el Cinturón de Fuego del Pacífico— acumula energía sísmica en una zona de acoplamiento o silencio sísmico desde los grandes eventos de 1746 y 1940. Aunque el Instituto Geofísico del Perú (IGP) enfatiza que los sismos no se pueden predecir, la vulnerabilidad física de los inmuebles del Rímac exige priorizar medidas urgentes de prevención y gestión del riesgo.
