Estrategia incluye patrullaje conjunto, operativos de alto impacto y control de zonas críticas.
El Gobierno peruano ha oficializado el estado de emergencia por 60 días en los distritos tacneños de Palca, Tacna, La Yarada-Los Palos y Tarata, con el fin de combatir el crimen organizado en la frontera sur. Esta medida faculta a las Fuerzas Armadas para apoyar a la Policía Nacional en el control del orden interno, ejecutando patrullajes conjuntos y operativos de inteligencia contra delitos transnacionales como el narcotráfico, la trata de personas y el tráfico de armas.
Como parte de la estrategia, se ha dispuesto el reforzamiento de la línea fronteriza con Chile, empleando drones y vigilancia permanente para garantizar el cierre de pasos no autorizados. Bajo este marco legal, las autoridades aplicarán el rechazo en frontera, lo que conlleva la devolución inmediata de extranjeros que intenten ingresar al territorio nacional por rutas ilegales, intensificando la lucha contra las redes de tráfico ilícito de migrantes.
Este despliegue coincide con el plan “Escudo Fronterizo” de Chile, liderado por el presidente José Antonio Kast, que incluye la construcción de muros y zanjas en su frontera norte. Especialistas advierten que estas restricciones podrían generar un efecto embudo en la zona de la Concordia, provocando una acumulación de personas varadas y aumentando la presión migratoria sobre el lado peruano, lo que representa un desafío tanto en términos de seguridad nacional como en el ámbito humanitario.
Finalmente, el escenario actual sitúa a la frontera sur en un punto de alta tensión geopolítica. Mientras que el enfoque chileno prioriza las barreras físicas, la respuesta del Estado peruano se centra en el control territorial militarizado y la recuperación de espacios críticos. La efectividad de estas medidas dependerá de la capacidad de respuesta de las fuerzas del orden frente a la porosidad de la frontera y la dinámica de las organizaciones criminales que operan en la región.
