La degradación de la calidad agroalimentaria y la caída del 40 % en los volúmenes de producción representan, de acuerdo con el peritaje de Ulises Osorio, un riesgo crítico para la sostenibilidad de la canasta agroexportadora peruana.
El territorio peruano enfrenta un escenario meteorológico de alta complejidad que mantiene en alerta a la comunidad científica por sus severas repercusiones en la seguridad alimentaria, la pesca y el sector agropecuario.
A la evolución de un fenómeno de El Niño con potencial de intensificación, se le ha superpuesto una anomalía climática de gran envergadura que altera los patrones ambientales de forma simultánea. De acuerdo con el ingeniero agroclimático Ulises Osorio, esta convergencia de eventos, que se inició en 2022 y posee proyecciones de extenderse hasta 2028 o 2030, exige una reestructuración urgente de los planes de contingencia estatales ante una dinámica atmosférica sin precedentes modernos.
Estrés térmico y contracción del 40 % en el rendimiento agrícola nacional
El núcleo del problema radica en la coexistencia simultánea de un El Niño costero y un El Niño global (región 3.4), un panorama que evoca los patrones destructivos registrados en el periodo 1974-1982. Esta configuración genera oscilaciones térmicas extremas entre el día y la noche, caracterizadas por jornadas de alta radiación y vientos fuertes seguidas de madrugadas gélidas.
Este choque térmico somete a los cultivos a un estado de estrés fisiológico permanente que reduce la productividad del campo en un 40 % e impacta drásticamente la calidad de frutas y hortalizas, restándoles coloración, calibre y dulzor. La alteración morfológica y bioquímica es generalizada, afectando desde plantaciones de exportación como el mango, el olivo y la mandarina, hasta la flora silvestre como el algarrobo en toda la costa, sierra y selva.
Desequilibrios hídricos, friajes severos y alteración del ecosistema marino
Las anomalías climáticas no se limitan al entorno continental. En el litoral peruano, el calentamiento anómalo del mar ha forzado la migración de especies hidrobiológicas clave, quebrando la cadena alimenticia de las aves guaneras y menoscabando la actividad pesquera. En el plano continental, el robustecimiento de El Niño global provocará un severo retraso de las lluvias en la región sur, mientras que en la vertiente oriental se prevé un incremento drástico en la frecuencia e intensidad de los friajes y heladas altoandinas.
Para el norte del país, aunque no se proyectan precipitaciones generalizadas, la persistencia de la alta temperatura marina propiciará episodios de lluvias torrenciales de carácter localizado y de corta duración, elevando el riesgo operativo para las poblaciones rurales.
Brecha tecnológica en el agro y demandas de fiscalización presupuestal
Ante esta crisis, la respuesta del sector productivo expone una marcada brecha socioeconómica. Las grandes empresas agroexportadoras han mitigado el impacto financiero mediante biotecnología, asesoría especializada y tecnificación de riegos; por el contrario, los pequeños agricultores, desprovistos de asistencia técnica, están migrando masivamente hacia cultivos de refugio como el arroz, una tendencia que amenaza con distorsionar los precios locales por sobreproducción.
Osorio cuestionó con dureza la inacción de los gobiernos regionales y locales, denunciando que las declaratorias de emergencia del Ejecutivo no se han traducido en obras de prevención significativas, por lo que instó a implementar de forma inmediata programas de capacitación técnica articulados a nivel nacional para proteger la canasta básica familiar.
