Daño irreparable han causado al sistema democrático, que se basa en el respeto a los derechos ciudadanos, los hechos graves e injustificables ocurridos no solo el día domingo 12 de abril, sino los que se han producido y venido conociendo en los siguientes días.
El causante de todo es, obviamente, el jefe nacional de la ONPE, Piero Corvetto, quien ha demostrado repudiable impericia rayana con dolo, ya que, para empezar, nadie mejor que él para conocer si se encontraba o no preparado para llevar adelante un proceso electoral complejo, con cinco elecciones acumuladas en un solo día y treinta y seis organizaciones políticas participantes. Junto a él, funcionarios que, en algún caso, pese a tener años de labor en la institución, venían ocupando cargos directivos de confianza de dicho jefe.
Como consecuencia de la tremenda e inexcusable ineficiencia en la distribución de material electoral en centros de votación de la capital del país, hay quienes, con bastante, aunque no total, razón, consideran que tan bochornosa falla logística no es casual, sino dirigida a perjudicar a quienes tienen en la circunscripción un importante número de adherentes. Para fortuna de los incompetentes, Lima Metropolitana es un crisol de electores provenientes de todo el territorio nacional y de distintas vertientes políticas e ideológicas.
Parte importante de la grave responsabilidad que le atañe a P. Corvetto es haber generado una situación que, aunque no llegue a configurar la causal de nulidad de las elecciones en la circunscripción de la capital de la República (o, peor aún, a nivel nacional, si se comprobase, por ejemplo, que el sistema informático usado para el conteo de votos a nivel regional o nacional ha sido diseñado o manipulado para quitarles votos a algunos partidos y aumentárselos a otros), ya generó gran desconfianza en los resultados del proceso, el mismo que, por su propia naturaleza, aún cuando se realizara pulcramente, siempre podrá ser objeto de crítica o reclamo, dado el gran número de opciones en juego que quedarán descartadas por las reglas a las que él se sujeta.
En el 2021, muchos que no dieron importancia a los reclamos de Fuerza Popular —en estricto uso de mecanismos legales previstos, como son las impugnaciones de resultados de mesa— en proceso también a cargo de Corvetto y su círculo de poder en la ONPE, hoy recién caen en cuenta de que es posible que tengan lugar irregularidades que afecten la voluntad popular.
La próxima semana continuaré explicando cómo y para qué la ONPE de Corvetto abandonó desde hace tiempo su misión.
