“La histórica lucha por las 8 horas” Por José Luis Vargas Sifuentes

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El Primero de Mayo, Día Internacional de los Trabajadores, es una jornada de homenaje a los Mártires de Chicago, que fueron ejecutados en Estados Unidos por participar en las jornadas de lucha por la consecución de la jornada laboral de 8 horas.

Esa lucha se originó en la huelga iniciada el 1 de mayo de 1866 y su punto álgido tres días más tarde, el 4 de mayo, en la Plaza Haymarket.

Este año el mundo celebra 130 años del establecimiento de la jornada laboral de 8 horas, aprobada en 1889 y adoptada por la mayoría de países del mundo; y el Perú recuerda esta conquista que hace lograda hace 100 años, en 1919, con la firma del decreto que generalizó ese horario para todo el sector laboral, conquista que ya había logrado seis años antes por los jornaleros del Callao.

Recordemos parte de esas jornadas de lucha y la llamada Revuelta de Haymarket.

El 1 de mayo de 1886, alrededor de 200,000 trabajadores de Chicago -donde las condiciones laborales eran mucho peor que en otras ciudades del país- iniciaron una huelga y se movilizaron los días 2 y 3 de mayo. La única fábrica que trabajaba era la de maquinaria agrícola McCormick que estaba en huelga desde el 16 de febrero. El 3 se realizó una concentración frente a sus puertas. Cuando estaba en la tribuna el anarquista August Spies sonó la sirena de salida de un turno de rompehuelgas. Los concentrados se lanzaron sobre los scabs (amarillos) y empezó una pelea campal. La policía atacó sin previo aviso, mató a 6 trabajadores y dejó decenas de heridos.

El periodista Adolf Fischer, redactor del Arbeiter Zeitung, redactó una proclama que decía: “Trabajadores: la guerra de clases ha comenzado. Ayer, frente a la fábrica McCormik, se fusiló a los obreros. ¡Su sangre pide venganza!

La proclama, que sería utilizada como prueba acusatoria en el juicio posterior,  terminaba convocando un acto de protesta para el día siguiente en la plaza Haymarket.

El 4 de mayo se concentraron en el lugar más de 20,000 personas que fueron reprimidas por 180 policías uniformados. Un artefacto explosivo estalló entre los policías y causó la muerte de uno de ellos y varios heridos. La policía abrió fuego contra el gentío y mató e hirió a un número desconocido de obreros.

Se declaró el estado de sitio y el toque de queda, y se detuvo a centenares de trabajadores que fueron golpeados, torturados y acusados del asesinato del policía.

Esos actos represivos fueron apoyados por una campaña de prensa con citas como: “Qué mejores sospechosos que la plana mayor de los anarquistas. ¡A la horca los brutos asesinos, rufianes rojos comunistas, monstruos sanguinarios, fabricantes de bombas, gentuza que no son otra cosa que el rezago de Europa que buscó nuestras costas para abusar de nuestra hospitalidad!

La prensa reclamaba un juicio sumario, responsabilizando a ocho anarquistas y a las figuras prominentes del movimiento obrero.

El 21 de junio se inició la causa a los ocho responsables, que fueron hallados culpables en un juicio en el que se violaron todas las normas procesales. Tres fueron condenados a prisión (dos de ellos a cadena perpetua) y cinco a muerte, de los cuales cuatro serían ejecutados en la horca el 11 de noviembre de 1887. El quinto condenado se suicidó en su celda.

En una crónica el poeta cubano José Martí, corresponsal en Chicago del diario argentino La Nación refiere que, antes de ser ahorcados los sentenciados se mostraron serenos, y momentos antes de ser encapuchado Spies gritó: “La voz que vais a sofocar será más poderosa en el futuro que cuantas palabras pudiera yo decir ahora.”

Los sucesos de Chicago, además, costaron la vida de muchos trabajadores y dirigentes sindicales. No existe un número exacto, pero fueron miles los despedidos, detenidos, procesados, heridos de bala o torturados.

En el Perú, la clase obrera acogió las ideas de los obreros europeos, e inspirados por Manuel González Prada y su famoso discurso del Politeama en 1905 iniciaron sus demandas. El primer triunfo se logró el 4 de enero de 1913, cuando los jornaleros chalacos obtuvieron para sí la jornada de 8 horas. El triunfo final se lograría el 15 de enero de 1919, con la firma del decreto que generalizó ese horario para todos los trabajadores del país.

Han transcurrido 133 años desde los sucesos de Chicago y el mundo no olvida a aquellos nueve trabajadores que pagaron con su vida el haber arrancado de los antiguos patrones una jornada laboral más justa y más humana.

Honor y gloria a los que lucharon y conquistaron la jornada laboral de 8 horas.