El director de la OMS advirtió que el territorio europeo experimenta un calentamiento acelerado que duplica los promedios térmicos registrados a nivel mundial.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) reportó que las temperaturas extremas registradas en el continente europeo han provocado más de 1,300 fallecimientos adicionales en el transcurso de una semana. El director general del organismo, Tedros Adhanom Ghebreyesus, advirtió que la región enfrenta un panorama crítico debido a que el territorio europeo experimenta un ritmo de calentamiento que duplica el promedio global.
Actualmente, cerca de 150 millones de ciudadanos habitan bajo condiciones térmicas severas, un escenario que ya ha causado el colapso de infraestructuras energéticas, el cierre preventivo de instituciones educativas y la pérdida de vidas humanas por fenómenos climáticos que solían ser generacionales y que ahora se manifiestan de forma anual.
Los riesgos de la infraestructura urbana frente a un factor de mortalidad desapercibido
La máxima autoridad sanitaria calificó las altas temperaturas como un enemigo silencioso para la salud pública, debido a que la arquitectura residencial, laboral y escolar de la región no fue diseñada estructuralmente para soportar niveles térmicos tan elevados. Ante la falta de acondicionamiento de los espacios habitables, el organismo internacional enfatizó la urgencia de implementar medidas de mitigación inmediatas, argumentando que la comunidad internacional ya había sido advertida de forma reiterada sobre la frecuencia y la gravedad con la que se presentarían estos eventos climáticos extremos en el hemisferio norte.
Con el objetivo de contener los efectos del cambio climático en la población, la OMS se encuentra articulando esfuerzos junto a administraciones gubernamentales y entidades aliadas para optimizar la capacidad de respuesta de las redes de salud a través de la prevención y la preparación técnica.
En ese sentido, la institución exhortó formalmente a los estados de la región a ejecutar de manera obligatoria planes de acción especializados contra el calor, integrados dentro de políticas nacionales de salud pública mucho más amplias y orientadas a contrarrestar de forma directa los desafíos ambientales del siglo XXI.
