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Artículo de opinión
Desde que llegó el embajador norteamericano Bernie Navarro, hombre joven y jovial, se comporta nada afecto a la natural rigidez de la diplomacia. Especialmente la peruana, que es formalista y solemne. Con ese estilo se ha enfrentado duramente con los chinos, primero por el control del megapuerto de Chancay, luego por la depredación pesquera del mar de Grau y últimamente por el Instituto Confucio.
¿Qué pasa con Confucio? Lo acusan de operar como herramienta de propaganda, censura académica y riesgo para la seguridad nacional, especialmente en países aliados como el Perú. El secretario de Guerra Pete Hegseth acaba de clasificar formalmente los Confucio como una “amenaza para la seguridad nacional”.
Los cargos son varios: ser “células dormidas” de espionaje y ataque; promoción de la guerra ideológica; censura y erosión de la libertad académica (no permiten tratar temas como la independencia de Taiwán, la matanza en Tiananmén, la violación de los derechos humanos de los uigures, etc.); espionaje tecnológico y militar; robo de propiedad intelectual y datos sensibles de investigación científica; seguimiento y control ideológico sobre las comunidades de estudiantes chinos que estudian en el extranjero, etc.
Casos denunciados: censura en Portugal (2014). Durante una conferencia de la Asociación Europea de Estudios Chinos en Braga, la directora de la sede central de los Confucio (Hanban), Xu Lin, ordenó a su personal arrancar físicamente las páginas del programa del evento antes de distribuirlo a los participantes. Boicot a ponentes y al Dalai Lama (EE. UU.): la Universidad Estatal de Carolina del Norte canceló discursos programados del Dalai Lama. Caso de Sonia Zhao (Canadá, 2011-2013): una profesora contratada en China para enseñar en la Universidad McMaster solicitó asilo político en Canadá. Denunció penalmente que, para obtener el puesto, Pekín la obligó a firmar un contrato comprometiéndose a no participar en actividades de Falun Gong (un movimiento espiritual prohibido en China). Contratos con cláusulas de lealtad política. El Senado de EE. UU. (2019) descubrió que casi el 70 % de las escuelas que recibían más de $250.000 anuales de China ocultaban activamente el financiamiento. Vigilancia a estudiantes y riesgo de espionaje (espionaje blando). Monitoreo en Australia (2019). Mutación a “organizaciones durmientes” (2026): más de 80 de estos centros se rebautizaron bajo nombres de “fundaciones culturales independientes” o “centros de idioma dual” en 30 universidades de EE. UU.
¿En el Perú afecta la presión norteamericana la autonomía universitaria? La respuesta es difícil, pero hay un principio fundamental: las universidades son centros de formación libre, no de adoctrinamiento.
