Artículo de opinión
“Estado de emergencia”, palabras célebres utilizadas por alcaldes, gobernadores y ministros cada vez que ocurre una tragedia, según ellos, para agilizar respuestas, salvar vidas, combatir alguna situación, etc.
Pero veamos: según la Real Academia Española, una emergencia es: “Suceso o situación imprevistos que requieren una acción inmediata” o “hecho de emerger, aparecer o pasar a hacerse visible”.
Todos sabemos que el Estado peruano ha fallado, que los hospitales, colegios y vías de comunicación están en pésimo estado y son susceptibles de colapsar debido a cualquier cambio en la naturaleza o a un accidente mayor.
Pero veamos: si esto es algo que todos conocemos, no es algo que emerge, no es una emergencia, es la realidad. Puede haber algún accidente o situación particular, pero si ya en un día normal todo falla y sabemos que todos los años llegan los friajes, las lluvias, los huaicos, el dengue, etc., y, cada cierto tiempo, El Niño, ¿podemos decir que las crisis son imprevistas? No, claro que no. Finalmente, ante esta triste realidad, ¿se requiere una acción inmediata? Sí, por supuesto que sí.
Pero, amigos, el estado en el que vivimos no es una emergencia. Lo que vive el Perú es una crisis crónica, una negligencia sistémica, un abandono y una desidia general del Estado.
Acá es donde uno se pregunta: ¿por qué durante 25 años ningún ministro, alcalde o gobernador ha puesto en evidencia el estado del Estado? ¿Por qué ningún funcionario público, que sabe y conoce que hay maneras más eficientes de hacer su trabajo, denunció la corrupción y el evidente robo de la plata de todos los peruanos?
Hoy vemos un nuevo gobierno que finalmente se atreve a mostrar lo que por años se ha escondido. Ministros que salen a la cancha, evidencian el verdadero problema y plantean soluciones. Y no solo por hacer lo que muchos debieron haber hecho, sino por abrir una oportunidad para que el sector privado y la ciudadanía nos involucremos y actuemos.
¿Cómo? El ciudadano debe dejar de lado la indiferencia, el hartazgo y la impotencia, y sumarse a la fiscalización para hacer visible todo lo que sabemos que está mal y no funciona en el Estado. El mundo empresarial debe apostar por la creación de riqueza, dejar de lado sus propios intereses y colaborar con los intereses del país, marcando distancia y denunciando a los emprendejos que arman “clubes”, fomentan la corrupción y aprovechan la debilidad del Estado para obtener adendas y contratos innecesarios.
Ningún gobierno, frente a este Estado en estado de emergencia, podrá resolverlo todo solo. Por lo tanto, es momento de que las personas, las asociaciones de base y el mundo privado influyamos, nos pongamos a trabajar y dejemos de esperar que algo suceda para hacer que las cosas sucedan.
Queridos amigos, todo lo anterior representa lo que siempre hemos venido hablando. El cambio de ciclo es una nueva forma de hacer política que se dedica a resolver los problemas del país, pero también involucra el actuar de la ciudadanía y del mundo empresarial, porque todos vivimos en la misma casa, y esa gran casa es el Perú.
