Foto: canalb.pe
Hay desastres que ocurren en segundos, sin previo aviso, y que, con una sola acción, dejan destrucción, muerte y caos. Hay otros desastres que tienen muchos años construyéndose y tienen el mismo efecto.
La izquierda ideológica, los comunistas, caviares y progresistas latinoamericanos vienen orquestando un gran desastre con mucho cuidado en Venezuela, Chile, Colombia, Argentina, Ecuador y, por supuesto, el Perú. Bajo sus múltiples banderas y caras, han ido destruyendo las instituciones de los gobiernos, acaparando el poder en una justicia politizada, persiguiendo a las fuerzas del orden y destruyendo su capacidad de acción.
Pero, por sobre todo, han aplicado la gestión cero. Cuando han tenido la oportunidad de ser gobierno, en cualquiera de las instancias, no han hecho nada en favor del ciudadano: solo se han llenado los bolsillos y han otorgado puestos y condecoraciones a amigos y asociados.
Los dos terremotos ocurridos en Venezuela casi en simultáneo son algo muy raro. El poder de las ondas sísmicas ha dejado hasta ahora casi 2000 muertos y miles de desaparecidos, muchísima infraestructura dañada, edificios colapsados y un país en estado de emergencia. Pero, amigos, el desastre que sufre hoy Venezuela no es el terremoto, sino lo que este ha puesto en evidencia.
Muchos años de desgobierno y dictadura destruyeron no solo la capacidad productiva del país, las instituciones públicas y la esperanza de vida, sino que, además, forzaron a más del 40 % de los profesionales de la salud a emigrar a otros países. La falta de inversión pública y privada, un Estado quebrado y colapsado en infraestructura médica y de cualquier tipo han dejado hoy al país sin posibilidad de respuesta.
La Realidad Real es que, como Venezuela, el Perú ya está en un desastre. Acá no ha habido ningún terremoto, pero nuestro sistema de salud ya está colapsado: no hay camas, no hay medicinas, no hay prevención. La infraestructura en general ya se cae a pedazos. Los colegios, los hospitales, los puentes y las carreteras están abandonados y se “desploman” solos. Nuestras fuerzas del orden, llamadas a ser nuestra primera línea de defensa y rescate, están abandonadas y no tienen equipos ni herramientas. Las empresas estatales están totalmente quebradas y millones de peruanos no tienen aún servicios básicos.
Amigos, existe hoy la posibilidad de que, con el nuevo gobierno, podamos decir que nos salvamos, pero hay dos cosas que serán fundamentales. La primera: que nosotros, los ciudadanos, le demos la oportunidad al nuevo gobierno de ejecutar y trabajar; que prevalezca el sentido común ante la propaganda destructiva que ejecutará la izquierda, y que no tengamos miedo de aportar y trabajar por salvarnos.
La segunda: que el nuevo gobierno aproveche esta oportunidad y, mediante acciones inmediatas y no políticamente correctas, dé los primeros pasos para un verdadero cambio de ciclo en el Perú.
No podemos seguir igual.
