La pobreza infantil y adolescente en Argentina afecta al 53,6% de los menores de entre 0 y 17 años, según el Barómetro de la Deuda Social de la UCA (2010-2025). Aunque esta cifra representa un descenso respecto al 62,9% registrado al inicio de la gestión de Javier Milei, impulsado por la mejora en los ingresos de las prestaciones sociales, más de la mitad de los chicos argentinos aún no logran cubrir sus necesidades básicas de alimentación y entorno social.
La serie estadística muestra que el punto más bajo de pobreza infantil se alcanzó en 2011 (35,7%), pero desde 2020 la cifra se ha mantenido mayoritariamente por encima del 60%. Paralelamente, se observa una transición demográfica: los hogares con menores de 18 años cayeron del 56% en 1991 al 44% en 2022, proyectándose para 2025 que todas las jurisdicciones del país estarán por debajo del nivel de reemplazo poblacional (2,1 hijos por mujer).
Privaciones estructurales y salud
La precariedad no se limita a los ingresos, sino que se manifiesta en múltiples dimensiones del desarrollo:
- Vivienda y Saneamiento: El 42% de los niños pobres reside en condiciones de saneamiento insuficiente (falta de cloacas o gestión de residuos).
- Salud: El 61,2% carece de cobertura médica (obra social o prepaga) y depende exclusivamente del sistema público.
- Bienestar Emocional: El 18% presenta síntomas de tristeza o ansiedad, cifra que se eleva al 24,7% en mujeres adolescentes. El malestar emocional es el doble de frecuente en estratos bajos y aumenta en un 46% la probabilidad de bajo rendimiento escolar.
Brecha digital y educativa
El informe revela una crítica falta de herramientas para el futuro: apenas el 16% de los menores tiene acceso a internet y solo la mitad cuenta con una computadora en el hogar. Además, la formación se ve limitada por la falta de estímulos externos y económicos: el 82% no realiza actividades culturales extraescolares y apenas el 6,3% de los estudiantes recibe ayuda económica directa para sostener su escolaridad.
