No nos engañemos. La propuesta de una Asamblea Constituyente no es una reforma democrática. Es una estrategia política conocida, aplicada y perfeccionada en América Latina para destruir el equilibrio de poderes y concentrar todo el poder en una sola mano. No es teoría. Es historia reciente. Y esa historia tiene nombres propios: Hugo Chávez y Nicolás Maduro.
EL LIBRETO YA ESTÁ ESCRITO.
Así empezó Venezuela. Primero, el discurso incendiario: “el sistema no sirve”, “hay que refundar la patria”, “el pueblo debe escribir una nueva Constitución”. Luego, la trampa perfecta: una Asamblea Constituyente. Y después, el golpe real:
- Se colocó a la Constituyente por encima de todos los poderes.
- Se desmanteló el Congreso.
- Se capturó el Poder Judicial para perseguir, condenar y poner preso a sus opositores políticos y periodistas.
- Se capturó el Poder Electoral para garantizar los fraudes que les perpetúen en el poder.
- Se capturó el Poder de las Fuerzas Armadas y Policiales para tomar territorialmente el país y reprimir cualquier intento de movilización de los opositores.
- Se reescribieron las reglas para perpetuarse en el poder.
Eso no fue democracia. Fue una demolición institucional desde dentro.
NO ES REFORMA, ES CONTROL TOTAL
Lo que se presenta como “participación popular” es, en realidad, el mecanismo más eficaz para eliminar los contrapesos del poder. Una Asamblea Constituyente sin límites claros:
- No responde a nadie.
- Puede rediseñar todo el Estado.
- Puede eliminar instituciones.
- Puede concentrar el poder político sin control.
Eso fue exactamente lo que hizo Chávez. Y eso fue lo que terminó de consolidar Maduro, llevando a Venezuela a un sistema sin independencia de poderes ni libertades plenas.
EL MISMO DISCURSO, EL MISMO PELIGRO
Hoy, en el Perú, se repite el mismo guion: “nueva Constitución”, “refundar la República”, “el pueblo al poder”. Pero detrás de esas palabras hay una intención concreta: concentrar el poder político sin límites.
Cuando una Constituyente se coloca por encima de todo, desaparecen los controles. Y cuando desaparecen los controles, desaparece la democracia.
EL VERDADERO OBJETIVO
No se trata de mejorar el país. Se trata de controlar el Estado. De decidir quién gobierna, cómo gobierna y hasta cuándo gobierna, sin contrapesos, sin fiscalización y sin reglas que limiten el poder. Ese es el verdadero riesgo de una Constituyente sin garantías.
EL PERÚ NO PUEDE CAER EN ESTA TRAMPA RECONTRA PELIGROSA Y LETAL.
El Perú vive una crisis política-electoral. Pero destruir las instituciones no es la solución: es profundizar el problema. La experiencia internacional es clara: Dónde este modelo se impuso, terminó en:
- Autoritarismo.
- Crisis económica.
- Empobrecimiento. Entre 70 a 90% del pueblo vive años o décadas pobres, van 67 años en Cuba y 27 años en Venezuela.
- Pérdida absoluta de libertades.
CONCLUSIÓN: NO ES CAMBIO, ES CONCENTRACIÓN DE PODER
La Asamblea Constituyente no es el camino hacia el futuro. Es el mecanismo para concentrar el poder. Es el caballo de Troya de quienes no buscan competir dentro de las reglas, sino cambiar las reglas para quedarse con todo.
El Perú no necesita menos democracia. Necesita más. Porque cuando todo el poder se concentra en una sola mano, el país entero paga el precio, una factura impagable.
