Aunque la Navidad es solo una, las prácticas en torno a su celebración varían de acuerdo al país o, más específicamente, a las comunidades o grupos étnicos de cada región o ciudad.
En la selva peruana, se mantiene vigente una tradición que combina elementos festivos reconocidos a nivel internacional, así como colores y música propios de la cultura amazónica. Hablamos de las pastoreadas navideñas, un despliegue de talento y espíritu festivo, que nos demuestra que los productos de la fusión y diversidad cultural son dignos de admiración y respeto.
Una puesta en escena tradicional
En Ucayali, se dedican las últimas semanas de diciembre a organizar las tradicionales “pastoreadas”. Se trata de concursos abiertos para adultos, jóvenes y niños, que desfilan por las calles vestidos de personajes bíblicos. De acuerdo al portal Lima Gallery, los actores van “[…] en busca del nacimiento, simulando ser aquellas personas que, en la época del nacimiento de nuestro Señor Jesucristo, iban siguiendo a la estrella de Belén”. El paso de los participantes va acompañado de la música de instrumentos como tambores y silbatos. Asimismo, la interpretación de danzas amazónicas contribuye al ambiente de algarabía.
De acuerdo al portal de Marca Perú, la realización de estos concursos data del siglo XIX. Si bien no se dispone de registros históricos precisos, se considera otra forma de adoptar (y adaptar) las costumbres del catolicismo, cuando la evangelización estaba en su apogeo, durante la ocupación española en el siglo XVI.
Las pastoreadas navideñas suelen llevarse a cabo en la Plaza de Armas de Pucallpa. Se han convertido en un evento apreciado por los turistas, ya que los marchantes a menudo ofrecen bocaditos y aperitivos hechos con ingredientes locales.
Otras versiones
Cabe destacar que también se le llama “pastoreadas” a una tradición característica de comunidades andinas, en la que los niños y jóvenes se disfrazan de pastores y visitan las casa de la zona cantando villancicos en quechua o aimara, profesando su adoración al Niño Manuelito. Recordando su infancia, un líder comunal de Apurímac declaró para el portal “Perú te pone”:
“Cuando era niño, la pastoreada era la forma en que los mayores nos enseñaban el Respeto a Dios y a la comunidad. Era un honor que te dejaran tocar la quena o el tambor. Es nuestra forma de dar.”
