Perú es tierra de algunos de los poetas más sublimes de Latinoamérica y el mundo. Es difícil leer un poema de César Vallejo, por ejemplo, y no sentir después que cada verso del libertano embellece aún más al idioma español.
Pero si debemos nombrar a uno que influyó en las figuras más grandes de la poesía, como José María Eguren, sin duda nos llegará a la mente José Santos Chocano. Su apelativo “El Cantor de América” no es grandilocuente, sino justo con el aporte que hizo a las letras peruanas. Hoy se conmemora el 91° aniversario de su fallecimiento.
El Poeta Nacional del Perú
Nacido el 14 de mayo de 1875, creció en el apogeo de la Guerra del Pacífico. Tanto su vocación literaria como sus convicciones políticas fueron dos fuertes pasiones que dirigieron el rumbo de su vida. Tras cursar la secundaria en el Instituto de Lima (hoy Colegio Peruano Alemán Alexander von Humboldt) en 1891, ingresó a la Facultad de Letras de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, aunque no culminó su carrera.
A sus casi 20 años, ejercía como periodista en el diario La Tunda, medio opositor al gobierno de Andrés Avelino Cáceres. Por defender esta postura, fue recluido en la Fortaleza Real Felipe en 1894. Después de ser liberado, en contexto de la revolución cívico demócrata, publicó sus primeros poemarios, entre ellos “Iras santas” (1895), “En la aldea” (1895) y “Azahares” (1896).
Posteriormente, desarrolló una exitosa carrera diplomática, que lo llevó a países como México, Colombia, Estados Unidos, España y varias zonas de Centroamérica. En Madrid, de la mano del editor Gregorio Pueyo, publicó “Alma América” (1906), considerada su obra cumbre, “la máxima expresión de la poesía modernista en el Perú” según el portal Libros Peruanos. Continuó exponiendo esta corriente artística con antologías como “Fiat Lux!” (1908) y “Selva virgen” (1909).
Después de poner su vida en riesgo durante varias misiones diplomáticas, incluyendo su colaboración con el dictador Manuel Estrada Cabrera en Guatemala, vuelve al Perú amparado por el gobierno de Augusto B. Leguía, tras 17 años de ausencia.
Pese a sus problemas en el extranjero, regresó al país como un poeta de renombre en la esfera literaria nacional e internacional. Manuel González Prada lo denominó “El Poeta Nacional del Perú”. Ahora bien, su simpatía con políticos como Leguía y su admiración hacia las “dictaduras organizadas”, no sentaron bien a ciertas figuras de la élite intelectual. Uno de estos choques ideológicos, con el periodista Edwin Elmore, resultó en fatalidad.
Asesinato, aislamiento y muerte
La acalorada disputa entre Elmore y Chocano se originó a raíz de una controversia anterior entre el poeta y José Vasconcelos, político y abogado mexicano. Entre aquellos intelectuales que defendieron a Vasconcelos, Elmore destacó por criticar ácidamente a Chocano en un medio radial, así como un texto en el diario La Crónica. El Poeta Nacional no se quedó atrás, recordándole la traición que su padre, el ingeniero Teodoro Elmore, había cometido contra el Perú en la guerra con Chile.
Esto llevó a un trágico encuentro en las instalaciones de El Comercio, cuando ambos se dirigían a presentar artículos en contra del otro. Se produjo un intercambio de palabras, que luego escaló a un forcejeo y terminó en tragedia. Con un disparo de su revólver Smith calibre 38, el Cantor de América acabó con la vida del novel escritor.
Aquello lo aisló de sus compatriotas y lo orilló a refugiarse en Chile. Como si fuera un hecho escrito en el destino, el 13 de diciembre de 1934, cuando viajaba en un tranvía de Santiago, el ilustre vate fue asesinado a puñaladas por Martín Bruce Padilla, un hombre esquizofrénico.
Tal como lo solicitó en un poema, el héroe literario del siglo XIX fue enterrado de pie y en un metro cuadrado de superficie, en el Cementerio Presbítero Maestro.
