El proyecto arqueológico Castillo de Huarmey, ubicado en la región Áncash, identificó más de 340 restos óseos de aproximadamente veinte ejemplares de perro sin pelo peruano en contextos funerarios de la cultura Wari. El hallazgo, que data de hace más de 1,200 años, constituye una de las evidencias científicas más sólidas sobre el valor espiritual y ceremonial que esta civilización preínca otorgaba al can nativo, conocido popularmente como Viringo.
Entre las piezas recuperadas destaca un cráneo naturalmente momificado que aún conserva tejidos de piel y orejas, un estado de preservación excepcional para los yacimientos arqueológicos de la costa peruana que proporcionará datos biológicos clave a los investigadores.
Evidencias de cinabrio y la cosmovisión funeraria preínca
Los análisis preliminares revelaron la presencia de trazas de cinabrio rojo en la superficie de los huesos caninos, un pigmento mineral a base de sulfuro de mercurio con alta carga sagrada en los Andes prehispánicos. La aplicación de este componente ceremonial, documentado también en ajuares de élite de las culturas Moche, Tiahuanaco e Inca, sugiere que los animales recibieron un tratamiento fúnebre riguroso y similar al de los seres humanos. Los arqueólogos plantean la hipótesis de que estos ejemplares cumplían una función psicopompa, actuando como guías espirituales o acompañantes de los difuntos en su tránsito hacia el mundo de los muertos.
El equipo de investigación, liderado por el Dr. Milosz Giersz de la Universidad de Varsovia, señaló que, ante la ausencia de registros escritos en el horizonte Wari, estos elementos materiales resultan indispensables para reconstruir la vida cotidiana, las estructuras políticas y la cosmovisión del primer imperio andino, cuya influencia se expandió desde Ayacucho hasta el norte peruano entre los siglos VI y XI d.C.
Alianza de investigación y puesta en valor del patrimonio
Los trabajos de excavación forman parte de una colaboración científica y financiera de más de 14 años entre el proyecto arqueológico y la compañía minera Antamina. Esta cooperación técnica consolidó la relevancia internacional del Castillo de Huarmey, sitio que cobró notoriedad global en 2012 tras el descubrimiento de una tumba real con los restos de 63 individuos, pertenecientes en su mayoría a mujeres de la alta nobleza Wari.
Los aportes del descubrimiento permiten profundizar en la genealogía histórica del perro sin pelo peruano, especie declarada Patrimonio Cultural de la Nación en el año 2001. Los vestigios hallados en los mausoleos de Huarmey ratifican que el estatus sagrado y la domesticación de este animal no se limitaron al periodo Inca, sino que estuvieron plenamente integrados en los rituales de poder y las dinámicas religiosas de las grandes civilizaciones que precedieron al Tahuantinsuyo.
