Artículo de opinión
Abogada especialista en Cooperación Internacional para el Desarrollo, Derechos Humanos y Gestión Pública
Cuando una mujer decide emprender, no siempre lo hace porque tenga todas las condiciones necesarias para hacerlo. Muchas veces emprende porque necesita generar ingresos, sostener a su familia o encontrar una alternativa ante un mercado laboral que no le ofrece suficientes oportunidades.
Pero detrás de cada pequeño negocio existe una historia de esfuerzo, aprendizaje y, muchas veces, de resistencia.
En el Perú, hablar de mujeres emprendedoras significa hablar también de informalidad, acceso limitado al crédito, brechas digitales, responsabilidades de cuidado y desigualdades territoriales. El Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) muestra que una parte muy importante del empleo femenino se concentra en unidades económicas pequeñas: en 2024, el 74,3 % de las mujeres ocupadas trabajaba en empresas de entre 1 y 10 personas.
Esto nos obliga a mirar el emprendimiento femenino no como una cuestión exclusivamente económica, sino como una cuestión de desarrollo, igualdad y derechos.
Cooperación que genera oportunidades
La cooperación internacional puede desempeñar un papel decisivo, pero debemos preguntarnos qué tipo de cooperación queremos construir.
No se trata únicamente de financiar proyectos. Se trata de generar capacidades y oportunidades que permanezcan cuando termina una subvención.
Una mujer emprendedora necesita mucho más que una pequeña inversión inicial. Puede necesitar formación empresarial, educación financiera, acceso a tecnología, asesoramiento jurídico y tributario, herramientas digitales, acompañamiento para la formalización, acceso a mercados y, sobre todo, redes que le permitan crecer.
La cooperación debe ayudar a construir ese ecosistema.
En este sentido, la experiencia de la Cooperación Española en Perú ofrece ejemplos concretos. La AECID ha desarrollado actuaciones relacionadas con el trabajo digno, la empleabilidad, la igualdad de género y el desarrollo económico inclusivo.
También existen antecedentes concretos de apoyo financiero a las MYPES. El Fondo de Asistencia y Cooperación Técnica (FACT), impulsado con apoyo de la Cooperación Española, permitió movilizar recursos para más de 10.000 pequeñas y medianas empresas peruanas, priorizando además emprendimientos liderados por mujeres, muchas de ellas cabeza de hogar.
Estos ejemplos muestran que la cooperación puede convertirse en un instrumento para conectar financiación, conocimiento y oportunidades.
Formalizar no es solo pagar impuestos
Uno de los grandes retos de las emprendedoras peruanas es avanzar desde la informalidad hacia modelos empresariales sostenibles.
Pero formalizar un negocio no debería plantearse únicamente como una obligación tributaria.
Formalizar significa también poder acceder a determinadas oportunidades: participar en mercados, establecer relaciones comerciales, mejorar la gestión, acceder a mecanismos financieros y construir una actividad económica con mayores posibilidades de permanencia.
Por eso, cuando hablamos de cooperación y emprendimiento, debemos acompañar a las mujeres en todo el proceso.
No basta con decirles: «saca tu RUC».
Hay que explicarles cómo hacerlo, qué régimen puede corresponderles, cómo emitir comprobantes, cómo organizar sus ingresos y gastos, qué obligaciones tienen y qué beneficios pueden obtener.
La información también es una herramienta de empoderamiento.
El crédito sigue siendo una barrera
El acceso a financiación continúa siendo uno de los principales desafíos para las mujeres empresarias en todo el mundo.
El Banco Mundial señala que las empresas propiedad de mujeres afrontan importantes déficits de financiación y que las diferencias en el acceso al crédito limitan tanto el crecimiento de las empresas como el desarrollo económico.
Además, investigaciones recientes sobre Perú han encontrado brechas de género en el desempeño de empresas informales, especialmente entre las de menor rendimiento. El estudio identifica, entre otros factores, la concentración de negocios femeninos en actividades realizadas desde el hogar y el peso de las responsabilidades familiares.
Esto es especialmente importante.
No podemos pedir a una mujer que haga crecer su negocio mientras continúa soportando de manera desproporcionada las responsabilidades de cuidado.
Por eso, una verdadera política de apoyo al emprendimiento femenino debe incorporar también políticas de cuidados.
La digitalización puede abrir nuevas puertas
La transformación digital ofrece una oportunidad extraordinaria.
Una emprendedora de una comunidad rural ya no debería depender exclusivamente del mercado de su localidad. Las redes sociales, las plataformas digitales y el comercio electrónico pueden permitirle mostrar y comercializar sus productos en otros territorios.
Pero para ello necesita conectividad, conocimientos digitales y acompañamiento.
La cooperación internacional puede contribuir a reducir esta brecha mediante programas de alfabetización digital, capacitación empresarial y acceso a herramientas tecnológicas.
No se trata de enseñar únicamente a utilizar una red social.
Se trata de enseñar a utilizar la tecnología para vender, gestionar, comunicar y crecer.
Mujeres rurales, indígenas y jóvenes: una mirada territorial
No todas las emprendedoras parten del mismo punto.
Las mujeres de las zonas rurales pueden enfrentar mayores dificultades de acceso a financiación, conectividad, formación y mercados. Las mujeres indígenas pueden encontrar además barreras lingüísticas, culturales y territoriales.
Por eso, los proyectos de cooperación deben diseñarse desde el territorio y con las propias organizaciones locales.
La cooperación no puede llegar con soluciones prediseñadas y decirle a una comunidad qué necesita.
Debe escuchar primero.
Debe conocer las capacidades existentes.
Y debe trabajar junto con las organizaciones peruanas que conocen la realidad local.
Ese es uno de los grandes valores de las alianzas entre organizaciones españolas y peruanas: unir capacidades, conocimiento y experiencia.
Una cooperación feminista y transformadora
La cooperación internacional está avanzando hacia modelos que colocan la igualdad de género y los derechos humanos en el centro.
En julio de 2026, la Oficina de la Cooperación Española en Perú presentó la Estrategia de Cooperación Feminista de la Cooperación Española, articulada alrededor de cuatro pilares: derechos, recursos, representación y alianzas.
Esta perspectiva resulta especialmente relevante cuando hablamos de mujeres emprendedoras.
Porque no queremos únicamente más mujeres con negocios.
Queremos mujeres con capacidad para tomar decisiones sobre su propia vida.
Queremos mujeres que puedan acceder a recursos en condiciones de igualdad.
Queremos mujeres que participen en los espacios donde se toman las decisiones económicas.
Y queremos organizaciones capaces de trabajar conjuntamente para transformar las desigualdades estructurales.
De beneficiarias a protagonistas
Durante demasiado tiempo, algunos proyectos de cooperación han utilizado el concepto de «beneficiarias» para referirse a las personas a las que se dirige una intervención.
Creo que debemos avanzar hacia otro concepto: protagonistas.
Las mujeres peruanas no son receptoras pasivas de cooperación.
Son emprendedoras, productoras, profesionales, líderes comunitarias y agentes de cambio.
La cooperación internacional debe acompañarlas, no sustituirlas.
Debe aportar recursos, conocimiento y oportunidades, pero permitiendo que sean ellas quienes definan sus prioridades y construyan sus propios caminos.
El verdadero impacto empieza cuando termina el proyecto
Un buen proyecto de cooperación no debería medirse solamente por cuántos talleres realizó o cuántas mujeres participaron.
Debemos preguntarnos qué ocurrió después.
¿Cuántas mujeres formalizaron sus negocios?
¿Cuántas aumentaron sus ingresos?
¿Cuántas accedieron a nuevos mercados?
¿Cuántas mejoraron sus capacidades digitales?
¿Cuántas pudieron acceder a financiación?
¿Se crearon redes empresariales?
¿Las organizaciones locales quedaron fortalecidas?
Estas preguntas nos permiten pasar de una cooperación centrada en actividades a una cooperación centrada en resultados y transformación.
España y Perú: una alianza con futuro
España y Perú tienen una relación construida durante décadas. La cooperación puede convertir esos vínculos en nuevas oportunidades para el desarrollo económico y social.
Desde las organizaciones de la sociedad civil tenemos la responsabilidad de impulsar proyectos que conecten a mujeres emprendedoras con conocimiento, financiación, instituciones y mercados.
Y también tenemos la responsabilidad de hacerlo con transparencia, participación y evaluación.
Porque cada euro destinado a cooperación debe traducirse en capacidades, oportunidades y derechos.
Apostar por una mujer es apostar por una comunidad
Cuando una mujer fortalece su emprendimiento, no solo mejora su situación económica.
Puede mejorar las condiciones de vida de su familia.
Puede contratar a otra persona.
Puede enseñar a otras mujeres lo que ha aprendido.
Puede convertirse en referente para sus hijas.
Puede generar actividad económica en su comunidad.
Puede participar en organizaciones y espacios de decisión.
Por eso, apoyar el emprendimiento femenino no es una política sectorial más.
Es una estrategia de desarrollo.
La cooperación internacional tiene ante sí el desafío de pasar de proyectos que simplemente entregan recursos a procesos que generen autonomía.
Y en el Perú, las mujeres emprendedoras pueden y deben estar en el centro de ese proceso.
Porque cuando una mujer tiene oportunidades, no solamente cambia su propia historia.
Puede comenzar a cambiar la historia de toda una comunidad.
