Andamos enredados especulando si la ultraizquierda, mayoritaria en la Cámara de Diputados, otorgará las facultades extraordinarias al gobierno o no. Seis comisiones congresales ya dijeron: no. Faltan otras; seguramente dirán lo mismo. De ahí pasa a la Comisión de Constitución y luego al pleno. El paseíllo no será rápido como en el mundo taurino.
A la población le interesa un pepino partido por la mitad lo que ocurre en el Congreso. Está angustiada por la catástrofe que el fenómeno del Niño traerá a sus ya atribuladas vidas. Perderán sus enseres y viviendas, vendrán enfermedades, en suma, miseria. Los gobiernos anteriores deberían ser procesados por no haber hecho nada al respecto.
También los peruanos estamos aterrados por la pandemia de delincuencia en la que vivimos. En este aspecto, el gobierno vivió una fuerte crisis que terminó con la renuncia del comandante general de la PNP, Óscar Arriola. Un mes antes, cuando el gabinete llegó al Congreso, el titular del Interior, Gral. (r) César Astudillo, les dijo a quienes pedían la cabeza de Arriola (Juntos por el Perú y Renovación) que requería una ley. No lo respaldó.
Luego vinieron las interesadas y necias imputaciones a la Policía por un tremendo asesinato, originado por un lío entre bandas. Arriola fue responsabilizado y renunció por la gobernabilidad. La importante captura del jefe de la organización criminal “Los Pulpos” no fue aplaudida como correspondía. La prensa se perdió en la estatura de los hampones, insistiendo en que eran policías. La verdad ha llegado y la Policía tenía razón.
A este tormentoso tema se suma el lío absurdo entre Fiscalía y Policía. Se asegura que detrás de la campaña contra Arriola estuvo el diputado Harvey Colchado, ex-PNP, muy cuestionado. Declaró que deben salir otros oficiales. Esperemos que el gobierno lo desoiga y Ahora Nación no chantajee al otorgar las facultades. Los congresistas ni saben cuáles son las 66 solicitudes de facultades.
Previa a la crisis provocada por cuestionamientos absurdos a la Policía, vimos pequeñas escaramuzas entre ministros. Acertó la presidenta Keiko Fujimori en realizar ayer un ‘rush’ en dos medios de comunicación. Con sus declaraciones despejó la incertidumbre existente, demostró el trabajo esforzado que realiza el gobierno y que la oposición cainita no quiere ver. Demostró que tiene liderazgo y no es una mandataria débil, menos por ser mujer. También sepultó el comentario necio de que se ha preparado 15 años y que no ata ni desata. Fujimori sigue muy de cerca todo lo que ocurre en el país.
Recordemos que a Dina Boluarte la ‘disolvieron’ por la inseguridad ciudadana. Además, le hicieron la imagen de una mujer frívola. Esto se ha querido aplicar a Keiko Fujimori. No obstante, se requiere que los ministros actúen bajo una estrategia de comunicación eficiente. Si discrepan entre ellos, la oposición, que es malvadilla, lo aprovecha y quien se perjudica es la presidenta. Obviamente, no le corresponde apagar incendios, menos pequeñas disputas.
Si ella establece una comunicación directa con la población a través de la prensa y usando el canal estatal, podrá impartir pedagogía política. Imagine si en esa perspectiva instruye y educa a la población en que la ultraizquierda y los criticones están en contra del desarrollo de nuestro país. Por lo demás, las facultades solicitadas buscan que el Estado sirva al ciudadano.
