La ausencia del APRA en el debate mundial contemporáneo de las ideas constituye uno de los problemas más serios que debe afrontar el aprismo en los próximos diez a veinte años del presente siglo. No se trata solamente de una menor presencia política o electoral, sino de la pérdida progresiva de su capacidad para producir, difundir y confrontar pensamiento en los grandes espacios latinoamericanos y mundiales donde se interpreta y transforma la realidad.
La historia demuestra que las grandes transformaciones políticas y sociales nunca comenzaron con la conquista del poder, sino mucho antes, cuando hombres y mujeres decidieron comprender la realidad, formular nuevas ideas y defenderlas mediante la palabra escrita, la enseñanza y el debate. Antes de convertirse en gobiernos, las grandes corrientes políticas conquistaron universidades, editoriales, periódicos, revistas, bibliotecas y centros de investigación. El poder político es, en gran medida, consecuencia del poder intelectual.
El liberalismo, el conservadurismo, el marxismo, la socialdemocracia, la democracia cristiana y, más recientemente, el neoliberalismo, el progresismo, el neocomunismo, el socialismo del siglo XXI y las nuevas corrientes neoconservadoras han entendido esta verdad histórica. Cada una de estas tendencias ha invertido durante décadas en la producción constante de libros, ensayos, revistas, investigaciones, manifiestos y documentos doctrinarios. Mientras unas ideas desaparecen por falta de renovación, otras permanecen vivas porque continúan siendo estudiadas, discutidas y desarrolladas por nuevas generaciones de intelectuales.
El aprismo nació precisamente en ese escenario mundial de confrontación de ideas. Víctor Raúl Haya de la Torre comprendió que Indoamérica necesitaba una interpretación propia de su realidad histórica y que esa interpretación no podía limitarse a reproducir doctrinas elaboradas para contextos distintos. Por ello, el APRA surgió como un movimiento que aspiraba a construir una doctrina original, capaz de explicar los problemas de nuestros pueblos y de proponer un camino propio hacia la justicia social, la democracia, la integración latinoamericana y el desarrollo nacional.
Durante varias décadas del siglo XX, esa vocación intelectual convirtió al aprismo en una de las escuelas de pensamiento político más influyentes de América Latina y el mundo. Los libros, escritos, coloquios y discursos de Haya de la Torre y los trabajos de numerosos intelectuales apristas alimentaron un intenso debate sobre el capitalismo, el imperialismo, el Estado, la economía, la democracia, la cuestión social, la integración continental y el destino histórico de nuestros pueblos. El aprismo no solamente participaba en la política; también intervenía activamente en la construcción del pensamiento político latinoamericano.
Hoy, sin embargo, el APRA se encuentra prácticamente ausente del debate mundial contemporáneo de las ideas. Mientras las demás corrientes ideológicas fortalecieron universidades, fundaciones, editoriales, revistas especializadas y centros de pensamiento para renovar permanentemente sus propuestas, el esfuerzo doctrinario aprista perdió continuidad.
Disminuyó la publicación sistemática de nuevos libros, se redujeron los espacios permanentes de investigación y el debate intelectual dejó de ocupar el lugar central que había tenido durante gran parte del siglo XX. Esta ausencia no obedece a la falta de vigencia de la doctrina, sino al debilitamiento de la comunidad intelectual encargada de estudiarla, actualizarla y proyectarla hacia el mundo.
Que el APRA esté ausente de ese debate no significa que su doctrina haya perdido valor. Significa, más bien, que una doctrina solo conserva su vitalidad cuando existe una comunidad intelectual capaz de estudiarla, cuestionarla, enriquecerla y proyectarla hacia los desafíos de cada época. Ningún pensamiento permanece vigente únicamente por la grandeza de sus fundadores. Su permanencia depende del trabajo constante de quienes investigan, escriben, enseñan y debaten.
Hoy, cuando el conocimiento se produce y circula con una velocidad sin precedentes, la lucha política continúa desarrollándose en las universidades, los centros de investigación y las editoriales, pero con más creciente intensidad, la batalla se da en las plataformas digitales y las redes sociales.
Allí se forman las nuevas generaciones, se construyen las interpretaciones de la realidad y se disputan las ideas que orientarán las decisiones públicas del futuro. Quien renuncia a participar en ese debate termina aceptando los marcos e ideas conceptuales elaborados y promovidos por otros.
¿Qué hacer frente a esta realidad? El camino no consiste únicamente en recuperar los inmensos espacios de representación política perdidos, sino en reconstruir, paralelamente, la capacidad del aprismo para producir pensamiento. Para ello es indispensable reeditar íntegramente la obra monumental de Haya de la Torre; promover investigaciones rigurosas sobre los problemas del Perú, América Latina y el mundo; publicar nuevos libros, ensayos y revistas doctrinarias; fundar centros de investigación y pensamiento; formar una nueva generación de jóvenes intelectuales sólidos y brillantes; y establecer espacios permanentes de diálogo con las demás corrientes del pensamiento contemporáneo. Una doctrina que deja de producir conocimiento termina convirtiéndose en un recuerdo; pero una doctrina que investiga escribe, enseña y debate continúa influenciando y haciendo historia.
El relanzamiento intelectual del aprismo no debe entenderse como un ejercicio de nostalgia, sino como una tarea de creación. Estudiar a Haya de la Torre no significa repetir mecánicamente sus palabras, sino comprender su método, analizar críticamente sus planteamientos y proyectarlos hacia los desafíos del Perú, América Latina y el mundo. La fidelidad a una tradición intelectual no consiste en inmovilizarla en el pasado, sino en mantener viva su capacidad de interpretar el presente para tener influencia decisiva en la construcción futura del Perú, América Latina y el Mundo.
El APRA nació como una revolución de las ideas antes de convertirse en una fuerza política. Ha llegado el momento de regresar a ese punto de partida, no para vivir del recuerdo, sino para reconstruir desde allí su porvenir. Los partidos pueden ganar elecciones y tener más espacios de poder, pero perder en el tiempo su influencia histórica; por eso cuando las ideas son verdaderamente fecundas, sobreviven a las generaciones y continúan transformando el destino de los pueblos.
Si el aprismo aspira a recuperar su papel decisivo con doctrina propia y volver a participar en el gran debate mundial de las ideas en lo que resta del siglo XXI, deberá hacer del estudio, la investigación, la escritura, la enseñanza, la edición, publicación, promoción de sus ideas y el debate, como los pilares permanentes de su acción. El APRA recuperará su inmensa influencia de antaño y su grandeza cuando vuelva a convertir su pensamiento en su principal instrumento de avance y transformación histórica.
