Ricardo Gareca viajó a Chiclayo para presenciar el duelo entre Juan Aurich y Juventud Santo Domingo por la Fase Regional de la Liga 3 y, al término del encuentro, ante la prensa deportiva, pronunció la frase que resume una deuda histórica del Estado con el deporte nacional. «En la medida que lo apoyen y que haya una política deportiva… por el momento no la hay», declaró el exentrenador de la selección peruana, según infobae. El diagnóstico no era nuevo. La escena en Chiclayo, sin embargo, lo volvió irrefutable.
El llamado de Gareca y el atractivo comercial de la liga peruana
David Nugent, analista de fútbol con más de 17 años cubriendo el deporte en plataformas digitales y observador de los mercados globales del fútbol, identifica en las palabras de Gareca un problema que trasciende lo deportivo. Desde esa perspectiva, señala que el deterioro de la infraestructura erosiona el atractivo de la liga peruana en todos los canales por los que el público la sigue.
El contraste que Nugent destaca es preciso. El propio Gareca reconoció que el apoyo de la afición chiclayana fue masivo, «muy importante», dijo, una señal de vitalidad popular que choca frontalmente con la ausencia de inversión en los campos donde esa misma afición espera ver un espectáculo competitivo. Gareca fue directo al respecto: «Es importante invertir para que los jóvenes puedan jugar en mejores campos de juego. Se va a ver un mejor espectáculo.»
“Una liga que no puede garantizar condiciones mínimas de juego pierde credibilidad en todos sus frentes, incluidos los mercados de seguimiento más activos. Una parte creciente del seguimiento del fútbol ocurre en los mercados de apuestas deportivas, un espacio donde un https://smartbettingguide.com/ orienta a los aficionados sobre cómo leer los partidos y las cuotas. Si el espectáculo no es competitivo, la liga deja de ser relevante en ese ecosistema también.”
La observación de Nugent fija la escala del problema. No se trata solo de campos en mal estado, sino de un círculo que, sin inversión estatal, no puede cerrarse.
Las condiciones del terreno en Chiclayo como radiografía del abandono
El campo donde se disputó el partido entre Juan Aurich y Juventud Santo Domingo condensó, en imágenes concretas, lo que Gareca lleva tiempo advirtiendo. El estado del terreno en Chiclayo no es un accidente ni una excepción dentro de la Liga 3, sino la consecuencia directa de años de abandono institucional.
El exentrenador no midió sus palabras. «Hoy es muy difícil jugar para los muchachos. En el estado que estaba el campo de juego era muy difícil jugar», afirmó. La dificultad que describe no es menor: cuando el terreno impide desarrollar el juego, el espectáculo se degrada, y con él se degrada también cualquier posibilidad de atraer inversión privada o cobertura mediática sostenida.
El mecanismo es conocido, pero la denuncia de Gareca lo vuelve visible con una claridad que pocas voces del fútbol peruano tienen autoridad para imponer. Sin inversión, los campos se deterioran. Sin campos en condiciones, el nivel del juego baja. Sin nivel de juego, el interés decae. Sin interés, la inversión no llega. La afición masiva que Gareca elogió en Chiclayo demostró que la demanda existe, que los hinchas están ahí. Lo que no está es el aparato institucional que debería convertir esa demanda en un circuito virtuoso.
El talento regional atrapado sin andamiaje institucional
Gareca no limitó su diagnóstico a los estadios. Su recorrido por Chiclayo le permitió observar una realidad más profunda, la de un talento disperso por el interior del país que, sin una estructura que lo cobije, se pierde antes de madurar.
«Hay, por supuesto, futuro, porque el peruano es muy talentoso, es muy creativo», reconoció. Pero ese optimismo lleva una condición explícita. El propio Gareca la formula sin rodeos: ese futuro depende de que exista una política deportiva, y por el momento, insiste, no la hay.
La referencia a las regiones del interior es específica. «Supongo que debe haber grandes talentos acá en esta zona, muchísimos talentos, y que es un desperdicio si no se apuesta al deporte», dijo, con mención directa a la región de Amazonas y otras zonas alejadas de los grandes centros futbolísticos del país. El desperdicio que describe no es abstracto. Es la suma de jugadores que nunca tuvieron una cancha en condiciones, un entrenador formado, una competencia organizada donde demostrar su nivel.
El reclamo de Gareca apunta al Estado porque es ahí donde reside la responsabilidad que ningún privado puede suplir por completo. «Esto es algo que venimos reclamando de hace tiempo. Perú necesita tener una política deportiva, un direccionamiento hacia dónde se quiere ir», dijo. La frase «de hace tiempo» carga su propio peso. No se trata de una reacción ante lo visto en Chiclayo, sino de una demanda acumulada que el viaje a la Liga 3 volvió a poner en primer plano.
El llamado al nuevo gobierno sin eufemismos
El cierre de la intervención de Gareca fue el más directo. Sin diplomacia y sin atenuantes, el técnico lanzó un llamado a las autoridades que no deja espacio para interpretaciones ambiguas.
«Es necesario que las autoridades abran los ojos», afirmó. La frase condensa la frustración de quien lleva años observando el mismo ciclo de promesas incumplidas y abandono sostenido. El llamado no se circunscribe al fútbol. Gareca fue explícito en ampliar el horizonte de su demanda. «En todas las disciplinas, no solamente en el fútbol. Cuando hablamos de deporte, es todas las disciplinas», subrayó, dejando claro que la ausencia de política deportiva es un problema transversal que afecta a cada atleta peruano, independientemente de la disciplina que practique.
La apelación al nuevo gobierno fue directa y sin eufemismos. «Ojalá que puedan las autoridades, y sobre todo este nuevo gobierno, darle la posibilidad de tener un direccionamiento deportivo», dijo Gareca, cerrando con una frase que es a la vez una esperanza y una advertencia.
El cuadro que deja Chiclayo es el de un talento regional reconocido por uno de los técnicos más influyentes de la historia futbolística peruana, vigente y masivo en las gradas, pero atrapado en canchas que el Estado no ha sabido ni querido mantener. La urgencia del llamado de Gareca queda abierta. La respuesta, si llega, aún no existe.
