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Artículo de opinión
El nuevo gabinete es una estupenda mezcla de tecnócratas y personalidades académicas respetables. Pero se han equivocado al designar en Defensa a Rafael Belaúnde, un caviar y socio político de un personaje repudiado por los propios militares: Pedro Cateriano.
Belaúnde, hace poco, se oponía a la modernización de la FAP y a la compra de los F-16 Block 70, demostrando que poco sabe de estrategia militar y que no ha entendido el mensaje de rechazo publicado por oficiales en retiro. En fin, la señora Fujimori responderá por su elección.
En apretada síntesis, el derrotero que se debe seguir en Defensa es claro: urge consolidar la alianza con EE. UU. y Corea del Sur, capitalizando nuestro nuevo estatus geopolítico de aliado principal no miembro de la OTAN. A partir de ello, se debe maximizar la transferencia tecnológica derivada de la coproducción y asegurar el financiamiento a largo plazo. Los ejes fundamentales en los que se debe trabajar son los siguientes:
Uno, garantizar la sostenibilidad presupuestal y financiera mediante la creación de fideicomisos intangibles multianuales que aseguren los pagos de los programas firmados para fabricar buques y submarinos. Se debe acceder a financiamiento compartido y a líneas de crédito preferentes para la adquisición de equipos complementarios.
Dos, consolidar el hub industrial de coproducción y offsets para actuar no solo como comprador de armas, sino también como socio industrial en la región. Se requiere ejecutar el contrato con Hyundai para construir la fragata multipropósito, patrulleros oceánicos, buques de desembarco y el nuevo submarino personalizado de 1.500 toneladas. Esto incluye acelerar la construcción del dique seco de gran escala.
Tres, concretar la inversión surcoreana proyectada en la Fábrica de Armas y Municiones del Ejército (FAME S. A.) para el ensamblaje local de blindados K808 y tanques K2 Black Panther.
Cuatro, maximizar la participación en la cadena de producción avanzada de componentes estructurales para el caza ligero FA-50.
Cinco, lograr la interoperabilidad estratégica con Estados Unidos. Hay que articular la doctrina y entrenar a la FAP bajo los estándares de la OTAN.
Seis, convertirnos en un hub logístico para el mantenimiento y el almacenamiento de reservas militares excedentes estadounidenses en el Pacífico Sur.
Siete, integrar a nuestras FF. AA. en el Escudo de las Américas para el intercambio, en tiempo real, de inteligencia y datos satelitales, así como para el control de fronteras con tecnología avanzada contra los cárteles y el crimen organizado.
Ocho, aprovechar la capacitación y las donaciones estadounidenses e integrarlas con sistemas de vigilancia costera y cibernética, elevando la eficiencia de las FF. AA. y de la PNP en las zonas de alta criminalidad y en las fronteras.
