Foto: Foros Perú
Por María del Pilar Tello- Artículo de opinión
En tiempos en que el discurso económico parece haber olvidado al ser humano, la figura de Klaus Peter Zeitinger adquiere una dimensión casi contracultural y mítica. Su obra demuestra que otra economía no solo es posible, sino que ya fue y es real.
Zeitinger llegó al Perú con la cooperación alemana, la GTZ, en un momento de profunda crisis económica y social. La informalidad dominaba, el crédito era un privilegio y la pobreza estaba asociada, injustamente, a la desconfianza. Frente a ese panorama, propuso una idea radical: crear instituciones financieras para los excluidos, pero con la misma seriedad que para los grandes capitales.
Así nacieron las Cajas Municipales de Ahorro y Crédito en el Perú. Su diseño combinó rigor técnico, cercanía territorial y un profundo respeto por el microempresario. No se trataba solo de prestar dinero, sino de construir ciudadanía económica.
La alianza con la Superintendencia de Banca y Seguros dirigida por Juan Klingenberger fue clave. Formamos parte de la SBS durante esa década impactada por el terrorismo. Sin embargo, la lucha por la Inclusión siguió adelante. Por eso defendió estándares altos, supervisión constante y profesionalismo. Esta visión permitió que las cajas sobrevivieran a crisis, cambios políticos y tentaciones clientelistas.
Fue evidente el impacto social documentado en investigaciones de campo. Familias que accedieron a pequeños créditos no solo mejoraron sus ingresos, sino su autoestima, su organización familiar y su visión de futuro. El pago puntual se convirtió en un acto de orgullo y de fe.
El modelo peruano se proyectó regionalmente. Klaus estuvo en Bolivia y Ecuador y también en El Salvador donde adaptaron experiencias similares. Más tarde, el enfoque fue observado con interés en Estados Unidos y en países de Europa del Este que buscaban reconstruir su tejido productivo tras el colapso del socialismo.
Zeitinger se convirtió en líder global de las microfinanzas, aunque nunca buscó protagonismo. Su liderazgo fue silencioso, pedagógico y profundamente respetuoso. Creía en las personas, incluso cuando el sistema no lo hacía.
Hoy, cuando las finanzas digitales y los algoritmos prometen inclusión, conviene recordar esta lección: sin ética, la tecnología no basta. El legado de Claus Peter Zeitinger nos recuerda que el crédito puede ser un instrumento de justicia social, y que confiar en el pueblo no es ingenuidad, sino sabiduría. Honor al honor.
