La intervención dentro de la UNALM generó duras críticas tras el retiro de animales y suministros sin previo aviso, mientras el colectivo Huellas Molineras denunció la ausencia de un plan de reubicación.
La demolición de un refugio temporal para perros abandonados en la Universidad Nacional Agraria La Molina (UNALM) desató un duro enfrentamiento entre el voluntariado Huellas Molineras y las autoridades de la casa de estudios. El incidente, registrado en agosto, generó severas críticas por la presunta falta de un plan de contingencia para la reubicación de los animales y la incautación de suministros.
Mientras la administración universitaria justifica la medida apelando a razones de salubridad, seguridad y vencimiento de plazos, los activistas denuncian intransigencia e incertidumbre sobre el futuro de la protección animal en el campus.
El colectivo Huellas Molineras acondicionó desde 2012 el denominado «corral grande» —un antiguo botadero de basura dentro del campus— para albergar temporalmente a canes abandonados y gestionar más de 100 adopciones responsables.
La agrupación asegura que no se oponía a los proyectos de infraestructura, sino que solicitaba un canal de diálogo y una alternativa de traslado. Por su parte, la UNALM sostuvo en un comunicado oficial emitido el 14 de agosto que el recinto presentaba condiciones insalubres, sobrepasaba en cinco meses el plazo otorgado para la evacuación y requería la intervención de la Policía Nacional ante presuntas irregularidades en la zona. La controversia escaló con el retiro final de los últimos cinco canes por parte de los voluntarios, quienes argumentaron actuar en resguardo de la vida e integridad de los animales.
