El complejo de T’aqrachullo alberga centros ceremoniales, bienes arqueológicos y vestigios de la época de la conquista.
Un hallazgo arqueológico de magnitud continental en la región Cusco ha transformado los paradigmas sobre los últimos años del Imperio Inca. Se trata de T’aqrachullo (también identificada como Ancocagua), un monumental asentamiento prehispánico ubicado a 225 kilómetros al noroeste de Machu Picchu.
Investigaciones científicas difundidas por la revista especializada National Geographic detallan que el complejo posee una extensión urbana de 17.4 hectáreas, una escala territorial que la convierte en una de las mayores urbes del Tahuantinsuyo descubiertas hasta la fecha, cuadriplicando las dimensiones de Machu Picchu.
Situada estratégicamente sobre una meseta en el cañón del río Apurímac, cerca de la confluencia de tres ríos y articulada a la red vial del Qhapaq Ñan, la urbe albergaba más de 600 estructuras arquitectónicas, incluyendo complejos habitacionales, mausoleos, plazas ceremoniales y adoratorios de la élite imperial.
El hallazgo del tesoro litúrgico y la reevaluación del sitio
Durante más de tres décadas, las prospecciones en la zona solo registraban fragmentos cerámicos dispersos bajo la densa vegetación de pastoreo. El punto de quiebre ocurrió en septiembre de 2022, durante las excavaciones dirigidas por el arqueólogo Dante Huallpayunca.
Su equipo desenterró un depósito votivo que contenía cerca de 3,000 lentejuelas de oro, plata y cobre, manufacturadas a inicios del siglo XVI como ornamentos de alta jerarquía. Este descubrimiento impulsó una intervención integral del Ministerio de Cultura, asumiendo la dirección de obra el arqueólogo Emerson Pereyra, especialista con doce años de trayectoria en la conservación de Machu Picchu.
Las excavaciones subsiguientes en 2023 expusieron los cimientos de un gran templo ceremonial con 2,000 años de antigüedad, evidenciando una ocupación secuencial por parte de las culturas Wari, Qolla e Inca. En el interior de este recinto sagrado se recuperaron:
- Una fuente ceremonial de piedra calzada.
- Pepitas de oro nativo y estatuillas zoomorfas de llamas.
- Láminas de crisocola (turquesa peruana) finamente talladas con iconografía de pumas.
La conexión con la mítica fortaleza de Ancocagua
Las características geográficas e históricas de T’aqrachullo coinciden de forma milimétrica con los estudios de la religión andina desarrollados por el explorador Johan Reinhard y las primeras exploraciones de superficie hechas por las arqueólogas Alicia Quirita y Maritza Candia en la década de 1990. Los investigadores postulan de manera sólida que este sitio corresponde a Ancocagua, descrita en la Crónica del Perú (1553) de Pedro Cieza de León como uno de los cinco santuarios más opulentos y sagrados del imperio, dotado de grandes acumulaciones de metales preciosos.
Evidencias de resistencia armada ante la conquista española
Los frentes de excavación han provisto pruebas materiales de que la ciudadela funcionó como un bastión militar durante la invasión europea. Manuscritos históricos localizados en archivos españoles en 1987 describen que las huestes coloniales de Francisco Pizarro sitiaron la fortaleza de Ancocagua, cortando sus líneas de abastecimiento hídrico y alimentario.
La veracidad de estas crónicas ha quedado respaldada por los hallazgos en el terreno de:
- Abundantes proyectiles de piedra (huaracas) y puntas de lanza de obsidiana en los perímetros defensivos.
- Restos óseos humanos con traumatismos severos y signos de muerte violenta.
- Un bloqueo deliberado de las escalinatas de acceso principal a la meseta, modificado intencionalmente por los incas mediante macro-derrumbes para detener el avance de la caballería e infantería española.
Por su antigüedad multifásica, monumentalidad arquitectónica y trascendencia documental, la comunidad científica internacional cataloga a T’aqrachullo como el descubrimiento arqueológico más relevante del siglo en Sudamérica.
