Las centrales sindicales de Brasil se movilizaron este miércoles en la capital federal para llevar a cabo la Marcha de la Clase Obrera, una manifestación masiva que busca elevar una agenda laboral estratégica para los próximos cinco años al gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva.
El pliego de reclamos, consolidado tras la Conferencia de la Clase Obrera (Conclat), tiene como ejes centrales la reducción de la jornada laboral de 44 a 40 horas semanales y la eliminación del esquema de trabajo 6×1, promoviendo un modelo de cinco días de labor por dos de descanso (5×2) sin reducción salarial.
Demandas estructurales y regulación del trabajo
La movilización hacia el Congreso Nacional y el Palacio del Planalto coincide con el envío de un pedido de urgencia por parte del Ejecutivo para legislar sobre el fin de la escala 6×1. Además de la jornada, los trabajadores exigen un marco normativo para la regulación de plataformas digitales de transporte y reparto, sector que abarca a millones de personas sin protección legal clara.
Según Clemente Ganz, coordinador del Foro de Federaciones Sindicales, estas prioridades son fundamentales para garantizar la protección de la seguridad social y mejorar las condiciones de vida mediante el fortalecimiento de la negociación colectiva.
Derechos sociales y combate a la precariedad
La agenda presentada al mandatario brasileño también incorpora frentes sociales críticos, como la lucha contra la violencia de género y el feminicidio, además de frenar la subcontratación indiscriminada. El movimiento obrero enfatiza que la legislación debe devolver a los sindicatos el poder de regular los horarios mediante acuerdos colectivos, especialmente para los funcionarios públicos.
Esta acción marca un hito en la interlocución entre el movimiento sindical y el Gobierno Federal, buscando consolidar reformas que integren el desarrollo económico con la protección laboral formal y la innovación tecnológica en el empleo.
