El hallazgo de restos botánicos en tres camélidos sacrificados en Tambo Viejo ofrece evidencia arqueológica directa sobre la práctica ceremonial inca en el valle de Acarí.
El hallazgo de restos vegetales adheridos al pelaje de camélidos sacrificados permitió documentar, por primera vez con evidencia arqueológica directa, una práctica ritual del Imperio inca en la costa sur del Perú. El descubrimiento tuvo lugar en el sitio arqueológico Tambo Viejo, ubicado en el valle de Acarí, donde investigadores identificaron hojas de coca en la lana de tres llamas jóvenes, depositadas en un contexto ceremonial bajo las estructuras del complejo.
De acuerdo con el estudio publicado en la revista científica Ñawpa Pacha, el hallazgo confirma materialmente los usos religiosos de esta planta sagrada, los cuales hasta ahora se fundamentaban principalmente en crónicas coloniales.
Secuencia ceremonial, contexto histórico y expansión territorial
Las excavaciones en la Estructura 4 de Tambo Viejo revelaron un depósito ritual que contenía nueve llamas jóvenes sujetadas con cuerdas y adornadas con borlas rojas, las cuales fueron cubiertas con arena de río, cuatro cuyes y selladas tras un proceso de incineración ceremonial bajo un piso de arcilla.
La datación por radiocarbono situó el evento entre los años 1450 y 1500 d. C., periodo coincidente con la anexión de la costa sur al Dominio Inca. Según el arqueólogo Lidio Valdez, de la Universidad de Calgary, estas ceremonias públicas buscaban consolidar alianzas con las poblaciones locales y rendir culto a las deidades andinas en el marco de la expansión territorial del imperio.
El óptimo estado de conservación del material vegetal, favorecido por las condiciones de aridez de la franja costera, permite contrastar de manera directa los registros materiales con los testimonios escritos por los cronistas españoles del siglo XVI.
Valdez destacó que este tipo de evidencia física trasciende las limitaciones de las fuentes coloniales y ayuda a revalorizar el papel ancestral de la coca en el mundo prehispánico, superando las narrativas de persecución y estigmatización que iniciaron las autoridades virreinales tras la prohibición de su uso ritual en 1569.
