Fuente: MEDAC
La podóloga infantil Neus Moya recomienda que los niños pasen la mayor parte del tiempo descalzos durante sus primeros años, ya que esto favorece el desarrollo natural de sus pies y su mapa cerebral.
Según la especialista, lo ideal es que los niños estén descalzos el máximo posible, pues los estímulos que reciben a través de la planta del pie son esenciales para el equilibrio, la coordinación y la construcción de conexiones neuronales. Hasta los 10 meses, los pies tienen incluso el doble de sensibilidad que las manos, lo que convierte esta etapa en un momento clave para el desarrollo sensorial.
Moya advierte que los zapatos deben introducirse únicamente cuando el niño pueda caminar por sí solo, dando al menos diez pasos sin caerse. Usar calzado rígido o demasiado grande puede alterar la marcha natural, generar inestabilidad y afectar la autoestima del niño. Además, recomienda evitar los zapatos heredados, ya que cada pie es distinto y el uso de calzado adaptado a otro niño puede limitar el movimiento.
La talla adecuada también es fundamental: debe sobrar entre 0,8 y 1 centímetro desde el dedo más largo hasta el final de la plantilla. Un error común es probar los zapatos introduciendo un dedo detrás del talón, ya que los niños suelen doblar los dedos para facilitar la entrada, lo que da una falsa sensación de talla correcta.
La infancia es una etapa decisiva para el desarrollo del pie y la marcha. Permitir que los niños estén descalzos la mayor parte del tiempo y elegir calzado flexible y apropiado cuando comiencen a caminar son prácticas esenciales para garantizar un crecimiento saludable y prevenir problemas futuros.
