Foto: Willax
Artículo de opinión
En medio del ambiente electoral y de la definición que hoy la ciudadanía dará en las urnas para elegir al próximo o próxima presidente de la república, hay una conmemoración que no podemos ni debemos pasar por alto: la fundación de la Sociedad Nacional de Industrias, el 12 de junio de 1896. Un acontecimiento neurálgico que ha sido compilado en una edición propiciada por el grupo El Comercio, que fue presentada por Julio Velarde, nuestro exitoso presidente del Banco Central de Reserva, a quien el candidato de Juntos por el Perú, Roberto Sánchez, denominó “una vergüenza”.
“La fundación de la SNI —reza un párrafo presentador del libro— se produjo en un momento clave de la historia republicana del Perú, marcado por la reconstrucción nacional tras la guerra del Pacífico, la reorganización del Estado y el surgimiento de un nuevo impulso industrial y empresarial que buscaba integrarse a la economía mundial”.
En efecto, hablamos de una etapa de nuestra vida pública calificada por el historiador Jorge Basadre como un periodo de máxima estabilidad institucional gracias al acuerdo de dos partidos rivales —el Civil y el Demócrata— para sacar adelante nuestra nación.
La SNI se consolidó, a través de los años, como el eje del empresariado industrial, constituyéndose además en un puente de diálogo con el Estado, a fin de promover políticas públicas favorables al desarrollo del sector y a la generación de empleo, la descentralización, la educación técnica —a través del SENATI, creado en 1961— y la defensa sostenida del sector.
Esa defensa tuvo hitos importantes, y uno de los más célebres fue resistir los disparates del dictador Juan Velasco Alvarado, cuyo régimen cobró venganza contra la SNI impidiendo el retorno a Lima de su presidente, Raymundo Duharte —se encontraba de vacaciones en Ecuador junto a su familia—, quien públicamente lo había enfrentado por sus imposiciones de aparente raíz social, como fue la creación de las llamadas comunidades industriales. Duharte es uno de los personajes cívicos nativos que merecen recordarse siempre como ejemplo de fe y constancia en la naturaleza riesgosa de la inversión privada ante el poder político arrogante y desquiciado.
Cabe igualmente recordar que, desde 1971, la SNI percibió la importancia de la mediana y pequeña empresa, incorporándola en calidad de comité a su estructura organizacional y fortaleciendo así su nivel de representación. Dicho comité recibió de la SNI todo el respaldo para ampliar el empleo industrial y promover políticas de financiamiento, capacitación e inclusión productiva.
Reflexionó el presidente de la SNI, Felipe James, durante la presentación del libro conmemorativo, que dicho gremio ha sobrevivido a todas las vicisitudes políticas de estos últimos 130 años.
Proyectemos este pensamiento a lo que vendrá, porque —ahora, hoy y siempre— los defensores de la libertad económica que apuestan por la generación de empleo digno y justo vencerán a todos los populismos letales para el bolsillo de las grandes mayorías.
