Por Carlos Valverde
Artículo de opinión
Acabó la primera vuelta y, además de la desastrosa gestión logística de la ONPE encabezada por el politólogo Piero Corvetto, varias campañas presidenciales pasaron por muchos altibajos que, en algunos casos, llegaron a sepultar la carrera política de sus candidatos para el día D.
Entre esos altibajos tenemos el caso de Carlos Espá con la oficialización del congresista Jorge Montoya como miembro de su partido a principios de año. Como ya venía recibiendo apoyo suyo, él no quería meterlo por debajo de la mesa en algún puesto estatal. Esta honestidad le jugó en contra. Montoya no es legalmente un corrupto, pero sí un sujeto antipático y repulsivo para las masas, uno de varios clavos en el ataúd de la campaña de la velita.
Espá tampoco aprovechó a los jóvenes dispuestos a trabajar ad honorem por las ideas del partido. Además, no contó con un equipo profesional que brindara una línea gráfica y publicaciones de calidad consistente en sus redes sociales. Evidencia de ello son el abandono de la cuenta oficial del partido desde septiembre del 2025 en pro de la cuenta personal del candidato, y el contraste en la calidad contenido, como videos con enormes bloques de texto.
Otro buen ejemplo es el del militar y agente de inteligencia, Wolfgang Grozo. El candidato venía experimentando un impresionante crecimiento en redes sociales a principios de año; sin embargo, cambiaba su discurso en cada entrevista, además de ser cuestionado por su cercanía a personajes como el «hermanito» Tomás Galvez y el empresario acusado por corrupción, Samir Villaverde. Mientras Grozo declaraba ante la prensa que no tenía ningún vínculo con ellos, no dejaban de aparecer pruebas que mostraban lo contrario.
El 9 de marzo se emitió el programa Brutalidad Política, dirigido por Victor Caballero, alias Curwen. En el programa, el influencer relató que varias veces acordó entrevistar a Grozo, mas este las negaba a último momento por sus actividades de campaña. Curwen decidió revelar las preguntas que tenía preparadas para él, seria evidencia de sus vínculos con los personajes mencionados, sus otras polémicas, y su comportamiento mitómano ante la prensa. Integridad democrática quedó sepultada como la integridad de su candidato.
Y no olvidemos la campaña de Rafael López Aliaga, alias Porky. Tuvo inicio tras haber renunciado a la alcaldía de Lima en octubre de 2025, renuncia llena de polémica debido a que había declarado ante la prensa que él no sería candidato presidencial y que acabaría su periodo como alcalde. Y eso no es todo, Porky también enlistó entre sus filas a un personaje como Patricia Chirinos, proveniente de Avanza País; Chirinos es infame y antipática por sus declaraciones y actuar vulgares en medios de comunicación, como en aquel altercado que tuvo con el abogado Diego Pomareda en la edición del 19 de octubre del 2025 del programa El valor de la verdad, conducido por el periodista Beto Ortíz.
A fines de marzo, Porky realizó un mitin en Andahuaylas, Apurímac. Horas antes su caravana fue atacada a huevazos; turbado, el candidato dijo ante las masas: «Por culpa de esa gente, me van a disculpar, de mierda… el Perú no camina». Sus palabras solo iban dirigidas al grupo que lo atacó, mas no a los habitantes de la comunidad; sin embargo, el video fue recortado y difundido rápidamente alegando que Porky llamó a todos «gente de mierda», y con ello, la narrativa pesó más que los hechos, alimentando la polémica.
Previo al día D, el viernes 10 de abril fue entrevistado en el programa Hora punta, emitido en Bethel Radio, medio perteneciente al Movimiento Misionero Mundial. La conductora Grecia Oré, habló del suceso de Andahuaylas y le recomendó «evitar los descalificativos, los insultos», a lo que este respondió: «Tienes un mensaje caviar total. Se está infiltrando el caviaraje acá». Aliaga perdió aún más apoyo de sus aliados evangélicos.
En fin, ¿quién necesita realizar una contracampaña cuando él mismo mancilla su propia imagen? Seguramente sus asesores estuvieron arrancándose los cabellos ante tales patinadas. O quizá creyeron que pintar a López Aliaga como un Trump sin la labia, poder, ni ingenio característico era buena idea. Sea exceso de confianza del equipo o entera responsabilidad del candidato, lo cierto es que lo pagaron muy caro.
