Fuente: zooplus
Especialistas en conducta animal advierten que elevar la voz no corrige la conducta de los perros, sino que genera miedo, ansiedad y deteriora el vínculo con sus dueños.
De acuerdo con expertos en comportamiento canino, gritarle a un perro no es una herramienta educativa, sino un estímulo negativo que puede provocar confusión y estrés. Los animales interpretan principalmente el tono y la intensidad de la voz, por lo que un grito se percibe como amenaza y activa respuesta de miedo o huida.
Los especialistas señalan que esta práctica puede derivar en ansiedad crónica, conductas evitativas y pérdida de confianza hacia el propietario. Además, remarcan que los gritos no enseñan la conducta correcta, sino que únicamente suprimen momentáneamente la acción indeseada.
La alternativa más efectiva es el refuerzo positivo, que consiste en premiar las conductas adecuadas con elogios, caricias o recompensas. También recomiendan mantener una rutina estable, usar un lenguaje corporal coherente y redirigir la conducta con calma para que el perro aprenda de manera segura y confiada.
Los expertos concluyen que la educación canina debe basarse en la paciencia y la consistencia, evitando el castigo verbal y priorizando el refuerzo positivo, lo que fortalece el vínculo afectivo y garantiza el bienestar del animal.
