Foto: Antonov/Company
Artículo de opinión
Por Vanya Thais, comunicadora
El Ministerio del Interior está a punto de concretar la compra de un Antonov AN-74 usado y rechazado por la propia Policía Nacional, en una operación impulsada por el exministro Juan José Santiváñez, operador de César Acuña, el político más corrupto del Perú. Detrás del contrato de 63,9 millones de dólares se esconde un negocio sin sustento técnico, que compromete la seguridad del país y desnuda la podredumbre del sistema que Acuña y sus esbirros han convertido en costumbre de gobierno.
El Ministerio del Interior atraviesa una de sus decisiones más escandalosas de los últimos años: la compra de un avión Antonov AN-74, modelo antiguo y de segunda mano, a la empresa Aero Express FZE, con sede en los Emiratos Árabes Unidos, por 63,9 millones de dólares. Lo que llama la atención es que el concurso es rarísimo y huele a “dedazo” por todas partes.
La adjudicación fue gestionada por la Oficina General de Administración y Finanzas (OGAF) durante la gestión del exministro Juan José Santiváñez, un personaje conocido por su lealtad al político César Acuña, considerado incluso dentro del Congreso como el rostro más descarado de la corrupción en el Perú. Por más que intenta venderse como simplemente miembro de la familia policial, parece importarle más el billete que la PNP.
Este contrato, aprobado pese a las alertas técnicas y operativas, es una muestra del modelo de gobierno que ambos representan: una red de favores, negocios y “cuotas” políticas disfrazadas de adquisiciones públicas.
¿Pilotear una chatarra?
El Antonov AN-74, de fabricación ucraniana, dejó de producirse en 2004, lo que significa que cualquier unidad en el mercado tiene al menos dos décadas de antigüedad – y que además por la guerra, ni hay fábrica, ni hay repuestos. La propia Dirección de Aviación Policial (DIRAVPOL), encargada de usar el avión, rechazó el modelo por peligroso e ineficiente, según un informe técnico fechado el 29 de octubre.
El documento detalla que la aeronave no cumple con más de doce exigencias técnicas, entre ellas la capacidad de operar por encima de los 4.200 metros de altitud, requisito indispensable para misiones en la sierra peruana. Tampoco cuenta con aviónica moderna, motores nuevos ni la capacidad de carga mínima requerida para vuelos policiales.
Un piloto de la DIRAVPOL —consultado extraoficialmente— calificó el Antonov como “una chatarra voladora”, asegurando que ningún técnico serio se atrevería a pilotarlo en operaciones reales.
Pese a la negativa de los técnicos y a que la oferta de Aero Express FZE era la menos competitiva del proceso, la buena pro fue otorgada igual. Fuentes internas del Mininter sostienen que Santiváñez presionó personalmente para que la operación se concrete. La motivación, según versiones dentro del propio ministerio, sería la “cuota” política que debía entregar a su padrino, César Acuña, fundador de Alianza para el Progreso y actual gobernador de La Libertad, cuyo historial de corrupción, compra de voluntades y manipulación de recursos públicos ya es conocido por todo el país.
Santiváñez, señalado por años como el operador legal y político de Acuña, habría usado su paso por el Ministerio del Interior para favorecer contratos irregulares. Esta compra del Antonov —que costará casi 64 millones de dólares del erario público— no tiene sustento técnico ni operativo, pero sí un claro interés político y económico detrás.
Un avión que nadie necesita
Lo más absurdo es que el Antonov fue descartado por la propia PNP en una evaluación anterior, y sin embargo, ahora el Mininter pretende imponer su compra. No existen garantías de mantenimiento, los repuestos son escasos y caros, y la aeronave no está preparada para las condiciones geográficas del Perú.
Expertos en aviación coinciden en que un avión tipo Hércules sería mucho más adecuado: ofrece mayor tiempo de vida útil, repuestos disponibles y seguridad comprobada. Sin embargo, el gobierno prefiere gastar la misma cantidad de dinero en una máquina obsoleta que nadie quiere pilotear.
Compra inútil, reflejo del sistema
La historia del Antonov resume la forma en que la corrupción se enquista en el Estado peruano: decisiones tomadas por intereses particulares, ignorando los informes técnicos y poniendo en riesgo vidas humanas.
Bajo la sombra de Santiváñez y Acuña, el Ministerio del Interior parece decidido a continuar con una compra inútil, peligrosa y carísima, mientras el país sigue pagando las consecuencias del clientelismo político que ha convertido al Perú en un botín.
