Foto: France 24
La última declaración del mandatario estadounidense, Donald Trump, quien anunció un “incremento masivo” de aranceles para China y acusó al país de querer “imponer controles de exportación”, evocó la reacción de autoridades estatales, radicadas en Pekín. Según un portavoz del Ministerio de Comercio, de revocarse la medida, el gigante asiático “tomará con firmeza las medidas correspondientes para salvaguardar sus legítimos derechos e intereses”.
El pasado 10 de octubre, el republicano confirmó que no se reunirá con su homólogo chino Xi Jinping en el próximo Foro de Cooperación Económico Asia-Pacífico, que se realizará a fines de mes en Corea del Sur, aludiendo a la hostilidad comercial que percibe. Aseguró que otras naciones contactaron a la Casa Blanca para ratificar su negativa hacia las políticas chinas.
“Recurrir a amenazas de aranceles elevados no es la forma adecuada de relacionarse con China” indicó el vocero. Miembros del gabinete en Pekín declararon que Trump “intensificó la presión económica” desde setiembre, y calificaron su medida como “un ejemplo de doble moral”.
A través de su cuenta de Truth Social, red social desarrollada por su compañía Trump Media & Technology Group, Trump aseveró que su intención es “ayudar a China, no perjudicarla” y que su relación diplomática con Xi Jinping es cordial. Ante la posibilidad de una guerra arancelaria, el vocero del Ministerio de Comercio chino mantuvo una postura clara: “No la queremos, pero no le tememos”.
