Las muestras de OSIRIS-REx ya están siendo analizadas por la ciencia.
La NASA ha revelado nuevos y fascinantes hallazgos a partir de las muestras del asteroide Bennu, recolectadas en 2020 por la misión OSIRIS-REx. Tres estudios recientes, publicados en revistas científicas, nos ayudan a entender el complejo origen y la evolución de este cuerpo espacial, ofreciendo una ventana única al pasado remoto de nuestro sistema solar.
Los orígenes del asteroide
Según un artículo científico, el asteroide progenitor de Bennu era una mezcla de diferentes elementos: polvo presolar —es decir, anterior al sistema solar—, materia orgánica que pudo formarse en el espacio interestelar y minerales que se cristalizaron cerca del Sol.
Una científica de la NASA explicó que, al rastrear los orígenes de estos materiales, también se encontró que la mayor parte del material de las muestras se transformó intensamente por contacto con el agua. Un experto de la Universidad de Arizona señaló que el asteroide original acumuló hielo y polvo, y que, con el tiempo, el hielo se derritió y reaccionó con el polvo para formar lo que se ve en la muestra hoy en día: un 80% de minerales que contienen agua.
Cambios por la meteorización espacial
Pero las transformaciones no terminaron ahí. Otro estudio encontró señales claras de meteorización espacial: cráteres microscópicos y «impact melts» (pequeñas salpicaduras de roca fundida) causados por el constante bombardeo de micrometeoritos y el efecto erosivo del viento solar.
Un investigador del Centro Espacial Johnson indicó que la erosión de la superficie del asteroide ocurre mucho más rápido de lo que se creía, y que la fusión por impacto parece ser el mecanismo dominante. Otro especialista de la Universidad de Purdue agregó que estos hallazgos son esenciales para comprender cómo se alteran los asteroides sin atmósfera.
En conjunto, estos tres estudios confirman que Bennu es una verdadera «cápsula del tiempo». Sus hallazgos —que incluyen polvo interestelar, minerales acuosos y evidencia de erosión espacial— conservan información clave sobre la formación del sistema solar y los procesos que precedieron a la vida en la Tierra.
