Por Valeria Cavero – Nota Especial
Es innegable que la época del terrorismo dejó secuelas en cada sector de la población peruana. Aunque dichas cicatrices, físicas y emocionales, varían de acuerdo al impacto directo de estas sanguinarias acciones, así como el grado de protección que otorga la posición social y económica, recordar las carencias y la violencia propia de esos años supone, para quienes los vivieron, tocar una herida.
Ahora bien, las autoridades también padecieron los efectos de estos atentados, a su manera, desde sus lugares de autoridad. Un fatídico ejemplo es el de Enrique López Albújar Trint, uno de nuestros ministros de Defensa. Hoy, recordamos el aniversario de su muerte, a manos del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA).
Una vida dedicada a la patria
Hijo de Enrique López Albújar, el destacado cuentista y poeta nacional, y su esposa Lucila Trint, Enrique López-Albújar Trint nació en Chiclayo, el 2 de junio de 1930. Tras cursar estudios en el colegio Francisco Bolognesi, en Tacna (a donde se trasladó la familia por el trabajo del escritor como juez), se enlistó en la Escuela Militar de Chorrillos. Egresó como alférez de caballería en 1953, formando parte de la promoción “Justo Arias Aragüez”. Se había graduado con honores, a los 23 años.
López-Álbujar Trint llevó cursos en diferentes habilidades militares. Entre ellos, el programa de Perfeccionamiento de Armas de Infantería, en el USAR CARIB en Panamá, y el de Mantenimiento Avanzado de Blindados, en el Fort Knox en Estados Unidos. También se capacitó en Defensa Nacional, en el Centro de Altos Estudios Militares. El día de Año Nuevo de 1987, asumió como Comandante General del Ejército. El 13 de octubre del mismo año, se integró a la política como ministro de Defensa, cargo que ocupó hasta 1989. Alan García ocupaba la presidencia.
El día del asesinato
El 9 de enero de 1990, el comandante conducía su propio vehículo hacia su oficina en San Isidro, desde su residencia en la calle Sevilla en Higuereta, Santiago de Surco. Poco después de las 9:00 a.m., después de arribar a la calle Central (actual avenida República de Colombia), para estacionarse, fue interceptado por 3 sujetos armados, quienes dispararon 30 veces contra el auto del exministro. López-Albújar Trint fue trasladado al Hospital General de la Fuerza Aérea, pero fueron en vano los esfuerzos por salvar su vida. Sus restos fueron velados en el Cuartel General del Ejército.
El entonces presidente García y otras autoridades, entre ellas su ministro del Interior, Agustín Mantilla, y el canciller Guillermo Larco Cox, siguieron de cerca el magnicidio. De acuerdo a recortes periodísticos de la época recogidos por el Lugar de la Memoria (LUM), senadores como Enrique Chirinos Soto y Enrique Benavides expresaron su rechazo, enfatizando en la incapacidad del gobierno para combatir la violencia subversiva. El intelectual y entonces senador Luis Alberto Sánchez calificó al crimen como “horrendo y de gran cobardía” y recordó los delitos cometidos previos a las elecciones municipales de ese año.
Cabe destacar que López-Albújar ocupó un cargo clave para hacer frente a los actos terroristas correspondientes a su período como titular. Se sabe que la orden directa de eliminarlo vino de Peter Cárdenas Schulte, alto militante del MRTA. El grupo se adjudicó el asesinato (aunque llegaron a surgir dudas sobre su autoría), afirmando que López-Albújar Trint había dirigido un enfrentamiento entre fuerzas armadas y terroristas durante su gestión, que resultó en la muerte de 62 personas.
