Foto-La Abeja
Artículo de opinión
Luego de la primera vuelta de la elección presidencial de 2021 – en la que pasaron a segunda vuelta Pedro Castillo y Keiko Fujimori – y hasta los primeros intentos de “tomar Lima”, como consecuencia de las movilizaciones sociales del interior del país contra el recién instalado gobierno de Dina Boluarte a fines de 2022, distintas agrupaciones de ciudadanos por iniciativa propia y por temor a la instauración – ya sea por la vía electoral o por la vía violenta – de un régimen izquierdista radical, se constituyeron en lo que terminaron autodenominándose los “colectivos patriotas”, en un principio para impedir en segunda vuelta el triunfo de Castillo; en un segundo momento, para denunciar un fraude contra Keiko Fujimori; en un tercer momento, para pedir la vacancia de Castillo y finalmente, en un cuarto momento, para defender al Perú de los intentos de extremistas de “tomarlo”, a poco de iniciado el gobierno de Boluarte.
Es interesante señalar que la naturaleza y composición de estos colectivos era variada. Estaban los relacionados con las Fuerzas Armadas y sus licenciados de las tres armas, y hasta con los colegios militares, como “Arica No Se Rinde” del Ejército y “Brigada Angamos” de la Marina, o la Legión Ruicina, de los exalumnos del Colegio Militar “Pedro Ruíz Gallo”, todos muy bien disciplinados y a veces con indumentaria militar, como el uso de cascos.
También los vinculados con la defensa de causas, como los colectivos provida y profamilia; o los promotores y defensores de la hispanidad, luciendo la cruz de Borgoña virreinal en sus banderas y escudos; o los relacionados con la lucha contra el terrorismo y la defensa de sus víctimas, como el “Colectivo 12 S”, que debe su nombre a la fecha de la captura de Abimael Guzmán un 12 de Septiembre de 1992, constituyéndose así en el primer colectivo anticomunista del Perú; o los vinculados con alguna ideología, como los colectivos libertarios, identificados por sus banderolas amarillas y sus características serpientes enroscadas, además de los colectivos integrados por simpatizantes o adherentes de partidos políticos, como “Renovación Popular” o el Partido Aprista, entre otros.
De esta manera, fue la sociedad organizada la que se enfrentó a las opciones de izquierda radical en las calles y plazas del país a través de marchas, plantones y movilizaciones en general, y que durante varios años hizo sentir su voz de protesta para manifestar su repudio, frente a una alternativa de izquierda extrema como la castillista, que llegó al gobierno y pretendió quedarse de la peor manera, a través un intento de golpe de estado por su líder.
Y es a este mismo conjunto de ciudadanos organizados, al que ahora le corresponderá la tarea de mantenerse vigilantes frente a cualquier amenaza contra el Estado de Derecho o intento de alterar la paz social, atentar contra la gobernabilidad o subvertir el orden – que tanto nos ha costado mantener – para desestabilizar al Perú, durante los próximos cinco años.
