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La especialista Cristina Mora de Aragón explica que estas aves no son mascotas para cualquier hogar, pues demandan tiempo, dedicación y un entorno enriquecido para mantener su bienestar.
Los loros son animales inteligentes capaces de aprender rutinas, reconocer personas y anticipar situaciones. Su habilidad para repetir palabras es solo una parte de su potencial, ya que detrás de esa conducta existe una vida emocional compleja que exige interacción social y estabilidad.
Cuando no reciben la estimulación adecuada, pueden desarrollar problemas de comportamiento como gritos excesivos, frustración, destrucción de objetos, conductas repetitivas e incluso autolesiones como arrancarse las plumas. La especialista subraya que la inteligencia no es el problema, sino la falta de respuesta adecuada de los dueños.
Adoptar un loro implica asumir un compromiso a muy largo plazo, ya que algunas especies pueden acompañar a una persona durante más de 40 años. Por ello, requieren enriquecimiento ambiental, juegos, comunicación constante y cuidados permanentes que garanticen una convivencia saludable y enriquecedora.
Los loros son más que aves parlantes: son seres sensibles e inteligentes que necesitan atención diaria y compromiso de por vida. Adoptarlos significa asumir una responsabilidad profunda con su bienestar emocional y físico.
