Foto: El Confidencial
El pontífice recordó su conexión con la cocina peruana, destacando platos emblemáticos que marcaron su vida en Chiclayo.
Durante una entrevista reciente, el Papa León XIV habló con naturalidad sobre sus gustos gastronómicos. “Me gustan muchas, el ceviche, el seco de cabrito… todo lo bueno”, dijo entre risas, dejando en claro que la cocina peruana forma parte de su identidad. Aunque nació en Chicago, su llegada al Perú en 1985 lo acercó profundamente a la cultura local, especialmente en Lambayeque, donde ejerció su labor pastoral por años.
El ceviche, considerado patrimonio cultural del Perú, es uno de los platos más representativos de la cocina nacional. Preparado con pescado fresco marinado en jugo de limón, acompañado de cebolla y maíz, simboliza frescura y tradición. Por su parte, el seco de cabrito es un guiso típico del norte peruano, cocinado a fuego lento con hierbas y cerveza negra, que refleja la riqueza culinaria de Lambayeque y Piura. Ambos platos fueron parte de la vida cotidiana del entonces obispo de Chiclayo, reforzando su vínculo con la comunidad.
Durante el cónclave que lo eligió como pontífice, León XIV no pudo disfrutar de estos sabores, pues la dieta de los cardenales era austera y sencilla. Sin embargo, tras su elección, el Papa ha recordado con cariño la cocina peruana, mostrando que su identidad espiritual también está marcada por la cultura y la gastronomía del país que lo acogió. Su preferencia por estos platos se ha convertido en un símbolo de cercanía y sencillez, reforzando la imagen de un líder que valora las raíces y tradiciones de los pueblos.
Los gustos culinarios de León XIV son más que una anécdota: reflejan la conexión profunda entre su vida pastoral en Perú y su identidad como pontífice. El ceviche y el seco de cabrito no solo son platos favoritos, sino también símbolos de un Papa que lleva en su mesa y en su corazón la cultura peruana.
