Foto: ONPE
Artículo de opinión
Estamos cerca del resultado de una de las elecciones más complejas y discutidas de los últimos años. Pronto conoceremos al ganador. Pero lo importante en estos momentos no es tanto quién llegará a Palacio sino cómo gobernará una nación profundamente desconfiada en los políticos y polatizada.
La legitimidad de origen de este proceso es controversial desde la primera vuelta. La elevada abstención, los votos nulos y blancos, así como las denuncias e investigaciones que aún pesan sobre la primera vuelta lo hace un proceso inconcluso. La desconfianza no desaparecerá por decreto ni automáticamente con la proclamación oficial del vencedor cuya representatividad originaria de acuerdo a lo obtenido en la primera vuelta, es mínima. Ninguno alcanza el 10 por ciento de los votos válidos.
Pero los países no pueden permanecer indefinidamente atrapados en la discusión. Deben encontrar mecanismos para construir futuro.
La legitimidad de origen, vinculada al procedimiento electoral, y la legitimidad de ejercicio, que se construye con decisiones y buen gobierno, deben coincido y no hay otra forma que aprovechar esta oportunidad de crisis nacional multiforme como oportunidad histórica del próximo presidente de convocar a la acción y a la responsabilidad nacional.
Sea quien sea el vencedor, su primer acto político debería ser convocar a un gobierno de unidad nacional. Un gabinete de los mejores cuadros del país, de distintos sectores políticos, académicos, empresariales y profesionales, capaces de asumir la reconstrucción institucional del Estado.
Se lo debemos al Perú que afronta su peor momento. Las mafias vinculadas a la minería ilegal, la tala ilegal, el narcotráfico, la extorsión y otras formas de criminalidad organizada han penetrado espacios cada vez más amplios de la vida nacional. Paralelamente, la confianza ciudadana en las instituciones se deteriora fuertemente.
Frente a una crisis de esta magnitud, la lógica de vencedores y vencidos no funciona. La sociedad necesita un nuevo gobierno para todos y no solo para quienes votaron por él. Necesita apertura, inclusión y capacidad de diálogo para lograr soluciones.
La recuperación de la legitimidad no depende solo de los organismos electorales ni de las declaraciones oficiales. Depende de la capacidad del próximo gobierno para representar un proyecto nacional más amplio que su propia base política.
La unidad nacional no significa uniformidad. Significa comprension de los desafíos que superan los intereses partidarios y requieren una respuesta colectiva.
La agenda del día siguiente debe comenzar hoy, el primero que lo anuncia ya, abonará en su cuenta de legitimidad de servicio, unir al país para enfrentar la crisis más profunda de nuestra vida republicana.
