Irán ejecutó un masivo ataque con misiles y drones contra varios países del Golfo Pérsico y clausuró el estratégico estrecho de Ormuz, una maniobra militar que quiebra la tregua y agrava el conflicto en la región. La ofensiva se desató tras un bombardeo de represalia perpetrado por el Mando Central de Estados Unidos (Centcom), el cual ejecutó cerca de 140 ataques contra territorio iraní luego de que Teherán interceptara por la fuerza un buque mercante.
Ante la magnitud de la crisis, el jefe de la diplomacia de Pakistán, Ishaq Dar, intervino en su rol de mediador para exigir a ambas potencias moderación e iniciar una desescalada urgente.
Ofensiva múltiple en el Golfo e impacto en la navegación internacional
La agresión militar de Teherán impactó directamente en los territorios de Kuwait, Baréin, Emiratos Árabes Unidos y Jordania. Asimismo, las fuerzas cataríes confirmaron la interceptación de proyectiles dirigidos contra una base aérea estadounidense en su territorio.
Paralelamente, los Guardianes de la Revolución de Irán reivindicaron un inusual bombardeo contra el puerto de Duqm en Omán, destruyendo bases de apoyo logístico de la Armada estadounidense. Este ataque provocó una enérgica protesta diplomática de Mascate, que hasta el momento mantenía una postura neutral en la crisis geopolítica.
El detonante de la jornada comenzó en aguas de Ormuz, donde comandos iraníes atacaron y detuvieron al portacontenedores M/V GFS Galaxy, de bandera chipriota, bajo el argumento de «violar las regulaciones de tránsito». La agresión provocó un incendio a bordo y forzó la evacuación de la tripulación; la Cancillería de India confirmó el rescate de diez de sus ciudadanos y reportó un tripulante desaparecido.
Como contraparte, la respuesta militar estadounidense golpeó las localidades de Bandar Abás, Sirik, Jask y la isla de Qeshm, dejando al menos un soldado iraní fallecido. Tras los impactos, el secretario de Defensa de EE. UU., Pete Hegseth, advirtió de que la república islámica pagará un alto precio por sus acciones.
Clausura de Ormuz, jaque energético y colapso de la tregua bilateral
Como medida de fuerza extrema, Teherán decretó el cierre indefinido del estrecho de Ormuz, una vía fluvial clave por donde circula el 20% de los hidrocarburos a nivel mundial. Los mandos militares advirtieron que el tránsito regular no se restablecerá hasta que cesen las operaciones norteamericanas en la zona, imponiendo de manera unilateral un único corredor custodiado por sus costas. Al respecto, Mohsen Rezai, asesor militar del líder supremo iraní, declaró que el dominio de este paso estratégico posee mayor valor disuasorio para el país que decenas de bombas atómicas, en alusión a su programa nuclear.
Esta crisis sepulta el protocolo de acuerdo firmado por ambas potencias el 17 de junio, el cual establecía una tregua de 60 días para negociar el fin de las hostilidades. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dio por concluido formalmente dicho cese al fuego debido a las agresiones contra buques mercantes, aunque autorizó la continuidad de los canales diplomáticos. El recrudecimiento de los combates coincide además con las declaraciones del nuevo líder supremo de Irán, Mojtaba Jamenei, quien tras asumir el mando reafirmó que la venganza contra Occidente es un mandato inevitable tras el deceso de su antecesor, Alí Jamenei, ocurrido al inicio del conflicto.
