Foto: Cortesía Canal N
Pensar el país en décadas, no en encuestas
Por. – César Zumaeta Flores
El Perú no solo está atrapado en una crisis política, económica, social y de seguridad; está atrapado en la ausencia de conducción estratégica. Durante los últimos 15 años se ha gobernado sin rumbo, sin previsión y sin visión de país, convirtiendo la coyuntura en norma y la improvisación en método. No es que al Perú le falten recursos, talento o capacidades; lo que ha faltado es inteligencia estratégica para decidir hoy pensando en las próximas generaciones.
Esta ausencia de conducción explica la inestabilidad política permanente, un crecimiento económico sin dirección, brechas sociales que se profundizan y una inseguridad ciudadana que golpea a diario a las familias peruanas. Cuando un Estado reacciona en lugar de anticipar, la crisis deja de ser un accidente y se vuelve estructural. Gobernar así no ordena el futuro: apenas administra el desorden.
La inteligencia estratégica no es teoría ni tecnocracia. Es la capacidad de comprender el país real, anticipar escenarios y conducir el poder con visión histórica. Gobernar no consiste en responder al ruido del día, sino en ordenar el futuro con prioridades claras y decisiones sostenidas. Como enseñó Víctor Raúl Haya de la Torre, “gobernar es prever; quien no prevé, no gobierna”.
La crisis social que vivimos no surgió de la nada. Es la consecuencia de 15 años, tres quinquenios consecutivos de políticas cortoplacistas, que postergaron decisiones estructurales y administraron brechas en lugar de cerrarlas. Lo mismo ocurre con la seguridad: sin estrategia, el Estado llega tarde y el crimen ocupa el vacío. Sin conducción, la política se degrada; con visión, el país se integra.
El gran enemigo del Perú ha sido el cortoplacismo. Gobernar para la encuesta debilitó al Estado y profundizó todas las crisis. La conducción estratégica exige pensar en décadas, construir instituciones sólidas y asumir costos hoy para beneficios nacionales mañana. Como advirtió Haya de la Torre, “los pueblos no se salvan con medidas transitorias, sino con grandes orientaciones históricas”.
Hoy el Perú necesita algo más que indignación: necesita rumbo. Recuperar la inteligencia estratégica es recuperar la capacidad de decidir como Nación. Si volvemos a pensar el país en grande, con visión histórica y sentido de futuro, el Perú puede abrir un nuevo ciclo de estabilidad, desarrollo y esperanza.
