Mientras Irán evalúa con Omán la situación del paso marítimo, se intensifican los ataques a embarcaciones y las agresiones hutíes a la infraestructura petrolera saudí.
Los Guardianes de la Revolución de Irán confirmaron que mantendrán el bloqueo en el estrecho de Ormuz hasta que Estados Unidos acepte la totalidad de sus condiciones, entre las que destacan el levantamiento de sanciones, el cese de acciones militares, la liberación de fondos congelados y el pago de indemnizaciones por los daños derivados del conflicto iniciado el 28 de febrero.
El vocero del cuerpo militar, Hossein Mohebi, calificó el paso marítimo como un «escenario de guerra» y ratificó la doctrina de «resistencia sin fin». Pese a que el canciller iraní, Abás Araqchi, señaló que las conversaciones indirectas mediadas por Omán se encuentran en su etapa final, la cúpula militar mantiene firme la restricción al tránsito naval.
Fracturas políticas en el régimen e intensificación de los ataques navales
Las exigencias planteadas por el jefe del Consejo de Seguridad de Irán, Mohamad Baqer Zolqadr, han evidenciado una marcada división interna frente al sector pragmático encabezado por el presidente Masoud Pezeshkian, el canciller Araqchi y el titular del Parlamento, Mohammad Bagher Ghalibaf.
Esta disputa por el control político coincide con la reclusión del líder religioso Mojtaba Khamenei debido a su delicado estado de salud. En el frente marítimo, el flujo comercial se ha reducido drásticamente tras registrarse nuevos impactos de proyectiles contra petroleros reportados por Emiratos Árabes Unidos y la agencia británica UKMTO, al tiempo que las fuerzas rebeldes hutíes de Yemen atacaron una infraestructura petrolera en el mar Rojo para incrementar la presión sobre las rutas de navegación.
Ante la escalada regional, mandos militares de Estados Unidos e Israel sostuvieron reuniones de alto nivel en territorio israelí a través del almirante Brad Cooper, jefe del Comando Central de EE. UU. (CENTCOM). Paralelamente, reportes de inteligencia señalan que Israel evalúa eventuales acciones unilaterales en caso de que concluyan las operaciones estadounidenses en la zona, mientras la Casa Blanca sopesa advertencias de sus mandos sobre los riesgos de un mayor desbordamiento militar.
En contraste, voceros militares iraníes aseguraron que los objetivos de Washington y Tel Aviv han fracasado, sosteniendo que el régimen aún no ha desplegado la totalidad de su capacidad operativa.
