Por Alfonso Velásquez
Candidato Diputado por Lima
Renovación Popular
Número 12
Artículo de opinión
El 2026 coloca al Perú frente a una oportunidad económica que no se repite con frecuencia. No es un anuncio ni una consigna: es un proceso en marcha. El eje logístico de la costa central, articulado en el nudo Callao–Chancay, ha sido reconocido por organismos multilaterales como la CAF como un gateway del Pacífico Sur, es decir, una plataforma desde la cual se organizan los flujos de comercio, inversión y producción entre Asia y Sudamérica.
Un gateway no es un puerto moderno aislado. Es un destino de inversión internacional. Allí llegan grandes navieras, operadores portuarios globales, fondos de infraestructura, parques industriales, centros de distribución regional, empresas de transporte multimodal, operadores ferroviarios, banca especializada, aseguradoras y servicios tecnológicos. Desde esos nodos se decide dónde producir, dónde ensamblar, dónde almacenar y desde dónde abastecer mercados regionales.
Todo ello se traduce en empleo real. Miles de puestos de trabajo formales y bien remunerados en logística portuaria, comercio exterior, transporte terrestre y ferroviario, almacenamiento, mantenimiento industrial, seguridad, servicios técnicos, manufactura ligera, ensamblaje, servicios financieros y plataformas digitales asociadas al comercio internacional. No es empleo precario: es trabajo productivo y calificado.
El problema es evidente y político: el Perú no está preparando a su gente para ocupar esos puestos. No existe una política nacional que articule educación técnica, inversión y empleo alrededor del nuevo rol logístico del país. Los institutos no responden a la demanda real, la formación es dispersa y el Estado llega tarde. Especialmente tarde para los jóvenes.
A esta realidad se suma la coyuntura regional. Se discuten reordenamientos políticos y laborales en la región, incluidos eventuales retornos migratorios. Si el Perú no ordena ahora su mercado laboral y no prepara a su juventud, los nuevos empleos del gateway no serán ocupados por peruanos. El gateway no espera y la inversión no perdona la improvisación.
La decisión es política y no admite ambigüedades. O el gateway se asume como proyecto nacional, o se deja que funcione sin conducción. Eso exige formación técnica acelerada en logística, puertos, comercio exterior e industria asociada; incentivos claros para que la inversión contrate jóvenes; reducción drástica de la tramitología laboral; y una autoridad capaz de coordinar infraestructura, ciudades, educación y empleo.
Un joven sin empleo productivo no es solo un problema social: es una inversión desperdiciada y un factor de desorden. Un país que no prepara a su juventud para la inversión que llega está renunciando a su crecimiento. El gateway exige orden, disciplina y capital humano preparado.
El 2026 no es un año simbólico. Es un punto de quiebre. O el Perú convierte inversión en empleo y empleo en desarrollo, o volverá a ver cómo las oportunidades pasan de largo. En política, no decidir también es decidir. Y hoy, no decidir es perder.
