Reconocen la vigencia y el legado cultural de la festividad como pilar de la identidad nacional.
El Ministerio de Cultura ha conferido la distinción de Patrimonio Cultural de la Nación a la Semana Santa de Contumazá, en la región Cajamarca, resaltando su excepcional valor histórico, espiritual e identitario.
Según la Resolución Viceministerial N° 000008-2026-VMPCIC/MC, publicada hoy en el diario oficial El Peruano, esta festividad destaca por su complejidad ritual y su capacidad para integrar a la comunidad en una de las expresiones de fe más profundas del país.
La declaratoria protege una tradición que se extiende más allá del calendario litúrgico convencional, caracterizada por una organización civil sólida y manifestaciones de penitencia únicas en su género.
Estructura y singularidad de la celebración
La festividad en Contumazá se distingue por su prolongada duración, iniciando antes del Domingo de Ramos y extendiéndose hasta la denominada «Semana Santa Chica», dedicada exclusivamente a la participación infantil. Durante este periodo, la población rinde culto diario a diversas imágenes, destacando el recorrido del Lunes, Martes y Miércoles Santo dedicados al Señor del Huerto, de la Humildad y Jesús Nazareno —esta última ya reconocida previamente como patrimonio nacional—. La solemnidad alcanza su punto máximo con el Vía Crucis hacia el cerro El Calvario y la procesión del Santo Sepulcro el Viernes Santo.
Un pilar fundamental de esta tradición es el rol de las hermandades, agrupaciones de ciudadanos que gestionan voluntariamente la logística devocional y procesional. Estas organizaciones coordinan la participación de figuras clave como los «esclavos» y, de manera más notable, los «penitentes de tabla». Estos últimos protagonizan uno de los actos más estremecedores de la festividad: durante la medianoche del jueves y viernes, recorren las calles en absoluto silencio hacia el cementerio, cargando pesadas maderas y arrastrando barretas metálicas atadas a sus pies, un rito de introspección y sacrificio que define la identidad contumacina.
La atmósfera de recogimiento es reforzada por música sacra de ritmos lentos que acompaña los pasos procesionales, creando un entorno de profunda reflexión. Paralelamente, la gastronomía local desempeña un papel central en la cohesión social, manteniendo vigentes recetas emblemáticas como la sopa teóloga, los tradicionales doce potajes y el postre de miel con quesillo. Estos elementos, sumados a la explosión de júbilo con fuegos artificiales el Sábado de Gloria, consolidan a la Semana Santa de Contumazá como un patrimonio vivo que garantiza la continuidad de la herencia cultural cajamarquina.
