El ministro del Interior, Carlos Malaver, vincula el atentado ocurrido en Trujillo con una pugna territorial entre facciones de minería ilegal; señala que las autoridades habían advertido previamente sobre el resurgimiento de estos grupos.
Una potente explosión sacudió la madrugada de este jueves en la avenida Perú, Trujillo, generando temor y dejando daños materiales en viviendas cercanas. El artefacto detonó con tal fuerza que afectó más de veinte viviendas.
El ministro del Interior, Carlos Malaver, se trasladó de inmediato a la zona afectada. Recalcó que, según investigación preliminar, los atacantes emplearon entre 15 y 20 cartuchos de emulsión, un explosivo común en actividades mineras informales, lo que alimenta la hipótesis del vínculo con grupos dedicados a la minería ilegal en disputa.
Durante su declaración, Malaver explicó que este atentado no parece ser un caso de extorsión, sino más bien reflejo de una puja por el control territorial entre redes criminales. Indicó que la reciente disolución de cerca de 50.000 registros Reinfos (Registro Integral de Formalización Minera) ha desestabilizado el panorama criminal, provocando desplazamientos de actores ilícitos desde zonas como Pataz hacia el ámbito urbano.
Malaver también alertó sobre el retorno de figuras delictivas consideradas peligrosas, como John Cruz, alias “John Pulpo”, lo cual sugiere un intento de recomposición entre estas estructuras criminales.
La cancelación del REINFO, aunque buscaba frenar la informalidad, parece haber tenido el efecto contrario: abrió un vacío jurídico que los criminales han aprovechado para reconfigurar sus territorios. La expansión de estos focos criminales hacia ciudades como Trujillo añade un nuevo nivel de urgencia en la lucha contra el crimen organizado.
La aparición de líderes criminales liberados o activos recientemente y la reactivación de bandas criminales no solo agrava la inseguridad sino que amenaza el control territorial estatal en regiones complejas como La Libertad.
El atentado en Trujillo ilustra la peligrosa confluencia entre minería ilegal, crimen organizado y violencia urbana. El reciente despliegue de explosivos evidencia la transformación del modus operandi criminal, que ha empezado a operar sin miedo dentro de entornos ciudadanos. Queda claro que las autoridades no solo deben responder con operativos reactivos, sino formular estrategias integrales que combinen inteligencia, formalización minera y presencia estatal sostenida.
